¡Es urgente resolver tan vulgar ataja-perros!, por Morel Rodríguez Ávila

Resulta inconcebible que en pleno siglo XXI, en un país al cual el Todopoderoso dotó de inmensas riquezas, la miseria impere y de ella la hambruna y las enfermedades sean una de sus mayores características, cuando en la Venezuela rica que ayer fuimos nuestra nación figuraba entre las primeras que mayor grado de modernización, progreso y desarrollo presentaba a nivel continental.

Igual parece increíble que donde ayer reinaba la paz, deseo de entenderse, aunque lograrlo costase, y en especial el concretar el mejoramiento social, era una tarea que la mayoría asumía con responsabilidad; un compromiso que, aceptado por tirios y troyanos, todos se esforzaban en cumplir, ahora nos domine el enfrentamiento, el irrespeto y el resentimiento se evidencien hasta en el lenguaje gubernamental. En fin, que se haya reemplazado la sindéresis por lo imprudente, lo absurdo, lo perjudicial.

Imposible igualmente seguir soportando que lo marginal avance y la superación personal y colectiva se paralice a extremos que nos han retrocedido al subdesarrollo; que vio cómo se dinamitaban una a una las instituciones para ser sustituidas por organismos cuya única finalidad consiste en apuntalar a un gobierno que cada vez se vuelve más represivo y violador de la constitución y leyes de la república.

Cómo aceptar que, por hambre, la deserción escolar crezca, a lo que se suman instalaciones abandonadas de toda atención y carentes de los más esenciales servicios; que en hospitales, ambulatorios y dispensarios no haya medicamentos y estén presentándose otra vez enfermedades que el desarrollo había desaparecido, porque se aplicó una adecuada y efectiva tarea de salud pública: que aumente el número de personas escarbando en la basura buscando qué comer; que el desempleo crezca a diario agrandando la pobreza en miles de familias; y que el hampa sea quien gobierna en las ciudades.

          Un ataja-perros que avergüenza, que hace daño, que reclama la inmediata solución, que no es otra que su desaparición del escenario social y del político, motivada por la demanda de la mayoría ciudadana, porque no se entiende que resulte a sus protagonistas más importante promoverla y protagonizarla, que el lograr entenderse a favor de los reales intereses nacionales, que no son otros que la convivencia, bases para fundamentar la paz v el entendimiento, que debe encontrarse exclusivamente en el marco de la legalidad.

          Los gobiernos locales y el regional tienen que ser los primeros en aceptar la urgencia de hacerle ver al gobierno nacional, que su tarea primordial es buscar la felicidad y no el sacrificio del pueblo, pero dando ejemplos concretos en cada una de sus acciones.

Que no sea la rencilla quien predomine; y que el liderazgo gobernante recuerde que gobernar es su responsabilidad mayor y que saberlo hacer una obligación que, si no se cumple, mañana el pueblo se los cobrará mayoritaria y contundentemente.

 @MorelRodriguezA

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