Crisis laboral en países ricos golpea remesas hacia países pobres

SAN SALVADOR, 1 jun (Reuters) – Crisis laboral en países ricos golpea remesas hacia países pobres. Carlos Sosa, un camarero salvadoreño en Nueva York, solía enviar hasta 500 dólares al mes a su madre para ayudarla a pagar facturas médicas y alimentos. Pero ahora, después del brote de coronavirus y de perder su empleo a inicios de marzo, Sosa gastó sus ahorros y las transferencias electrónicas se han detenido.

El hombre de 42 años dice que está luchando para pagar incluso su propio alquiler y está preocupado por su madre. «Es una cosa muy brava», dijo Sosa, quien está en proceso de obtener su residencia estadounidense. «La parte económica es la más traumática de todo esto», agregó.

Los confinamientos impuestos por las naciones ricas para frenar la propagación del nuevo coronavirus, y la sacudida que esas restricciones han traído a sus economías, están cortando una línea vital para muchas personas a menudo vulnerables en todo el mundo, generando una crisis laboral: miles de millones de dólares en remesas enviadas a casa por familiares que trabajan en el extranjero.

Aproximadamente una de cada 10 personas en el mundo recibe remesas, unas 800 millones, según Naciones Unidas. Los primeros datos muestran que ya se han producido caídas severas por esta crisis. El Salvador registró un colapso de las remesas del 40% en abril respecto al año anterior, a 287.3 millones de dólares, según el banco central del país.

Sosa dice que está buscando un nuevo trabajo. Pero hay una crisi laboral y los que están disponibles parecen riesgosos e involucran la limpieza de lugares como trenes u hospitales. Le ha advertido a su madre que no habrá más transferencias electrónicas por algún tiempo.

«Tendremos que ver cómo sobrevivimos a esto porque las cosas aquí son difíciles. Por el momento no va a haber remesas», expresó.

IMPACTO GLOBAL

El Banco Mundial ha dicho que espera que las remesas globales a las naciones de ingresos bajos y medios caigan en 109,000 millones de dólares, o casi un quinto, en 2020 a 445,000 millones de dólares.

El banco proyecta que la pandemia reducirá los salarios y la crisis laboral el empleo de los trabajadores migrantes, que tienden a ser los más vulnerables cuando hay una recesión económica en los países desarrollados.

La fuerte caída de las remesas tiene graves consecuencias para los muchos países del mundo que dependen en gran medida de esos pagos, y cuyas economías ya se están recuperando de una caída de la demanda provocada por la crisis del coronavirus.

Los riesgos van desde el aumento de la pobreza y el hambre hasta las emergencias de balanza de pagos para las economías en desarrollo que dependen del efectivo.

Los puntos vulnerables incluyen India, China y México, los principales receptores de remesas por monto, según el Banco Mundial. Filipinas, el cuarto mayor receptor de remesas, tiene a casi uno de cada 20 adultos de su población trabajando en el extranjero.

Mimi Ysulat solía enviar hasta 2,000 dólares hongkoneses por mes, o alrededor de 260 dólares, a su esposo e hijos en la provincia de Antique en Filipinas. Pero la pareja de Hong Kong para la que trabaja y a cuyos hijos había cuidado por nueve años le pidió que dejara de asistir a laborar a fines de abril.

Ahora, la mujer de 49 años solo puede pensar en una forma de obtener dinero para que su familia sobreviva: «Pedir prestado a mi hermana, pedir prestado a mi amigo. Solo pedir prestado, pedir prestado», dijo.

El impacto podría sentirse con mayor intensidad en las economías de mercado emergentes y fronterizas, que dependen aún más de las transferencias. El Salvador y la vecina Honduras son particularmente vulnerables. Ambos recibieron remesas que ascendieron a aproximadamente una quinta parte de su Producto Interno Bruto en 2018, según datos del Banco Mundial.

Analistas dicen que el efectivo fortaleció a los sectores de construcción de varios de los países receptores, estimuló el consumo y ayudó a muchos a salir de la pobreza.

Las dos mayores fuentes de pago de remesas del mundo se han visto gravemente afectadas. Estados Unidos, que encabeza la lista del Banco Mundial con envíos globales por unos 68,500 millones de dólares en 2018, ha visto dispararse el desempleo, con más de 40 millones de empleos perdidos desde marzo.

Por otro lado, las economías del Golfo, como la fuente número dos del mundo de remesas, han sido golpeadas por los precios más bajos del petróleo.

REMESAS LATINOAMERICANAS, CON ALTIBAJOS

Se espera que la desaceleración en las remesas desde Estados Unidos revierta un auge de varios años en los envíos a familias de América Latina. Hasta principios de este año, los migrantes de esa región canalizaban sumas récord, según datos de la Reserva Federal y del grupo de expertos basados en ese país Diálogo Interamericano.

La fuerte economía de los Estados Unidos había sido el principal impulsor de los flujos. Especialistas en remesas también dicen que la campaña del presidente Donald Trump para detener la inmigración había ayudado a impulsar el flujo de dinero, pues los migrantes ahorraron más por si eran deportados.

Las remesas a México, Guatemala, Honduras y El Salvador alcanzaron un récord combinado de 57,700 millones de dólares el año pasado. Los migrantes de esos cuatro países representaban en 2017 aproximadamente al 64% de los 10.5 millones de indocumentados que vivían en Estados Unidos, según las estimaciones más recientes del Pew Research Center.

Los primeros datos sugieren un colapso en las remesas por el esparcimiento del coronavirus y a la enfermedad COVID-19 en Estados Unidos. Sectores como los de alimentos y hospedaje que emplean a un gran número de inmigrantes vieron desaparecer los trabajos casi de la noche a la mañana.

Entre enero y abril, las remesas a Guatemala ya habían caído un 20% respecto al mismo lapso del año anterior, a 690.7 millones de dólares. Fue un gran giro para un país que en febrero mostró un crecimiento de las remesas del 17% respecto al año anterior, según el banco central del país.

Guatemala recibió 10,500 millones de dólares en remesas el año pasado, el equivalente a casi el 14% de su economía.

Elizabeth, que vive cerca de la capital guatemalteca, solía recibir alrededor de 1,200 dólares al mes del prometido de su nieta, que trabajaba como cocinero en Estados Unidos. Pero los pagos se detuvieron después de que el coronavirus cerró los dos restaurantes en los que trabajaba y lo dejó sin otros trabajos secundarios.

El dinero había ayudado a pagar el tratamiento de Elizabeth para el cáncer de estómago en un hospital semiprivado y las visitas regulares de una enfermera, así como alimentos y otros elementos básicos. El futuro parece sombrío, dijo Elizabeth, de 69 años, que se veía frágil mientras estaba parada en la puerta de su casa cerca de la ciudad de Guatemala a principios de mayo.

«Ahora solo pedirle a Dios que nos ayude, que ayude a toda la gente que se quedó sin trabajo en Estados Unidos y también aquí», dijo.

El presidente del banco central de Guatemala, Sergio Recinos, dijo que la disminución de las remesas generalmente tiene un impacto significativo en la economía de su país.

Explicó que aproximadamente la mitad de las remesas se destina al gasto del consumidor, y un 30% a la construcción. Dijo que ya se está sintiendo un impacto negativo en el sector de la construcción.

«ES BRUTAL»

Airpak, una firma con sede en Nicaragua que opera franquicias de Western Union en muchos países centroamericanos, dijo que a fines de abril los flujos interanuales disminuyeron en aproximadamente un 20% en su red, la cual opera en total con 26 marcas, incluida MoneyGram. El valor promedio de cada transacción cayó también en aproximadamente una quinta parte.

«Es brutal», afirmó Piero Coen, director ejecutivo de AirPak, quien dice que maneja aproximadamente una quinta parte de todas las remesas que fluyen a la región.

El director financiero de Western Union, Raj Agrawal, dijo a Reuters que para las compañías de transferencia de dinero más grandes del mundo, el segundo trimestre puede ser el punto más bajo. Él espera que el negocio mejore en los siguientes meses en medio de los paquetes de estímulo económico.

Aún así, se espera que la pérdida de ingresos sacuda las economías latinoamericanas, especialmente a las naciones centroamericanas, donde los últimos períodos de dificultades económicas alimentaron la violencia de las pandillas y las olas de inmigración a Estados Unidos.

En México, la mayoría de las remesas provienen de Estados Unidos. El país latinoamericano experimentó un aumento en las transferencias en marzo, que algunos analistas atribuyeron al temor al deterioro de las perspectivas de empleo en Estados Unidos y a los tipos de cambio favorables.

Pero a pesar de ese aumento, algunos analistas estiman que las remesas podrían reducirse más de 21% entre 2020 y 2021.

El flujo lento se siente en el pequeño pueblo de San Bartolomé Quialana, en el estado Oaxaca, en el sur de México, con una población de unos 2,500 habitantes.

El dinero enviado a la localidad a lo largo de los años ha ayudado a reducir la pobreza de generación en generación y a impulsar un auge de la construcción de varios años, según el alcalde de ese municipio, Victoriano Gómez.

Pero varios sitios de construcción vacíos apuntan a la pausa en el flujo de efectivo desde Estados Unidos. En una parcela de tierra que Francisco Mesinas estaba desarrollando con dinero enviado por sus tres hijos en Los Ángeles, las varillas de metal sobresalen de los cimientos de la construcción, mientras que las losas de hormigón apiladas y montones de tablas permanecían intactas sin trabajadores a la vista.

Los entre 30,000 y 60,000 pesos mexicanos (1,350-2,700 dólares) que dos hijos y una hija de Mesinas habían estado enviando cada mes para el proyecto se agotaron por completo, después de que los tres jóvenes perdieron sus empleos en restaurantes de Los Ángeles.

Parado sobre tierra roja en un sitio donde se erigirán tres casas, junto con un espacio para una cafetería y un pequeño negocio, Mesinas dijo: «Se paró la obra. No pueden mandar dinero para acá».

Notiespartano/Reuters

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