Hay que meditar muy bien cuáles son las prioridades, por Morel Rodríguez Ávila

Los venezolanos tenemos la inmensa responsabilidad, un enorme compromiso y el reto insoslayable de enfrentar, con la honestidad por delante -que es entender la inescapable oportunidad que nos dejará como enseñanza la pandemia-, de reflexionar y asumir cada quien que lo ocurrido es un aviso muy determinante para que aceptemos que en gran modo debemos reaccionar favorablemente al encuentro, de una vez por todas, del gran entendimiento, del camino definitivo a la paz, a la convivencia, a  un nuevo comportamiento político, económico y social. Hacia ese provechoso fin habrá de dirigirse, no le queda otro destino, la Humanidad entera. Seamos inteligentes y adelantémonos al inevitable acontecimiento.

Conmocionado como está el planeta, porque el Covid-19 se acerca veloz al medio millón de muertos y se estima que igualmente pronto superará los cinco millones de contagiados, reflexionar sobre lo que advendrá cuando la ciencia venza tan terrible enemigo es una obligación de todos. Si es que lo derrota pues, tal como van las cosas, hay naciones donde sus gobiernos y sociedades se muestran empeñados en darle mayor prioridad al asunto económico que a los de la salud concretamente.

Ese enfrentamiento, perjudicial sin duda alguna, ya ha dado peligrosos resultados. Según los reportes científicos, en los  países donde se irrespetaron las normas impuestas por la OMS, entre ellos la cuarentena, de inmediato hubo un repunte del peligroso virus, lo cual evidencia la más crasa irresponsabilidad de gobernantes y gobernados.

Priorizar los intereses económicos sobre los de la vida misma, es un error superior a todo que algún día y de cualquier forma exigirá muy dura condenatoria. También está, no lo olvidemos, lo moral, asunto que en estos tiempos de hipocresía e infamia, de desesperación y de frustrantes discusiones ideológicas, ha sido echado al cesto de la basura. Se entiende que el progreso, el desarrollo, en fin el crecimiento tiene, en su economía, fundamento principal y toda nación por supuesto la cuida, la perfila y dirige su atención en hacerla cada vez más productiva, firme y poderosa.

En cualquier nación esto resulta encomiable, sin discusiones. Pero ello ocurre en tiempos de normalidad e igual en los de crisis con base en medidas posibles, realistas, positivas y, en especial, de por medio la existencia de una efectiva mancomunidad entre el sector público y el privado. En la nuestra, y a la fecha, en la práctica así no ha ocurrido. Sobre el particular, una sola prueba: Salario mínimo mensual: 3 dólares; costo de la mini-cesta básica con los 25 nuevos productos, “con precios regulados”: 38 dólares.

En Venezuela, desde el arribo de la revolución roja, su economía comenzó a empeorar a tal extremo que hoy, ya quebrada, está por el piso, dando lástima. Venir, ahora, a darle impulso nos parece natural y tarea necesaria; pero no culpar a la pandemia de su situación tan lamentable, tal como se desprende de los clamores del empresariado para que cese la cuarentena y así refloten sus negocios.

Creemos que en esta hora tan trágica y suprema, lo que el empresariado debe hacer es arribar a verdaderos acuerdos con el gobierno para que el Ejecutivo sea quien les resuelva sus álgidos problemas, ya que en gran parte, por sus ansias de controlarlo todo y su ataque a cualquier costo contra la propiedad privada, al gobierno corresponde sustancial parte de la culpa.

Pero no se olvide que la especulación, el acaparamiento, la permanente trácala, y lo que nadie puede negar, la inmensa corrupción que se da a plena luz del sol entre algunos comerciantes, empresarios y funcionarios, civiles y militares, también son factores que inciden directamente en el problema que, se reitera, tiene que resolverse de común acuerdo entre unos y otros para favorecer finalmente al que está en la mitad del medio, el pueblo.

Basarse en que, exclusivamente por la pandemia, lo económico se está agravando, resultaría aberrante. Que está haciendo peso, sí, y mucho, no se niega. Lo que molesta es que, ahora, se satanice al corona virus como el origen único del gran desmadre económico que vive Venezuela, lo cual es realmente incierto.

El descalabro de nuestra economía lleva ya dos décadas y la pandemia apenas va para los cuatro meses. Desde luego que a los dos crueles enemigos hay que combatirlos con fuerza, pero no excusarse en uno para cargarle culpas al otro.

Alcanzar, pues, esa solución, entre gobierno y empresariado sería un gigantesco paso favorable al nuevo orden que los venezolanos tendremos que comenzar a vivir. Una verdadera demostración de responsabilidad frente al futuro que darían ambos factores para el retorno definitivo de la paz política, la paz económica y la paz social; pero no buscando el beneficio exclusivo de un sector perjudicando al resto, que es la mayoría.

@MorelRodríguezA

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