Tropezamos con la misma piedra, por Morel Rodríguez Ávila

Nadie, y menos el gobierno, puede decir que vamos bien, que el país marcha, derecho, hacia su recuperación. Y lamento tener que recordarlo en estos días de tanta angustia, pero no podemos ocultar tamaña verdad que a todos hace inmenso daño. Al afirmarlo, el gobierno dice una mentira enorme. Desconocer qué nos ocurre es una irresponsabilidad inaceptable cuando, todos sabemos, que la nación, quebrado su espinazo, valga decir su economía, va del tumbo al tambo, asunto completamente cierto. Lo que crece, eso sí, es el hambre, la pobreza, la hiperinflación, la inseguridad y la preocupación porque el gobierno, antes que hacer lo que de verdad está obligado a hacer, es decir, buscar la paz con mensajes de verdadero entendimiento y no de constantes amenazas, siga imponiendo a la brava lo que le facilita su permanencia en el poder.

Debiéndole un realero a medio mundo, que lo obliga a buscar, desesperado, endeudarse mucho más con la otra mitad, y una producción y venta de petróleo que no le cubre ni sus necesidades internas, el país cada vez más se aleja de los mercados mundiales que, lo han ido sacando de sus portafolios, cuidándose de negociar por supuesto, dada la gravedad de la gigantesca crisis que Venezuela atraviesa en lo político, económico y social, sin incluir los terribles efectos de la pandemia.

Peligrosa y altamente perjudicial la situación actual, sin duda alguna generada por una gestión que demostró, desde la llegada de la revolución liderada por el presidente Chávez, total inexperiencia, la más descarada desidia y absoluta insensibilidad, a pesar de las advertencias que le fueron hechas desde los cuatro puntos cardinales del globo donde científicamente se maneja la economía mundial.

A la fecha, el presidente Maduro, heredero de un Estado que su antecesor y mentor le dejó patas arriba, no supo y por tanto no pudo solucionar nada por lo que, ahora, técnicamente sin saber qué hacer, apenas se muestra empeñado en que el comunismo, que disfraza de afiebrado socialismo, arreglará la cada vez más grave situación. Pero sobran las pruebas que echan por tierra esa debilitada entelequia.

Leonardo Vera, uno de los especialistas en el examen de las economías latinoamericanas, recuerda que “entre las medidas adoptadas por la revolución, estuvo el control de precios, y controles también estrictos en la producción, los inventarios y la distribución a los centros de expendio, muy especialmente en las cadenas de bienes denominados «sensibles». Pero esos controles, desde luego, no detuvieron la inflación, pero sí agravaron la escasez y los costos siguieron escalando, lo que afectó seriamente la rentabilidad empresarial. A decir verdad, el sistema de controles, tallado en la Ley de Precio Justo, no sólo trajo mortalidad empresarial y menor producción en las unidades productivas sobrevivientes, sino que además terminó consolidando el cuadro de escasez y la promoción de mercados negros y el contrabando”.

Pues bien, otra vez se tropieza con la misma piedra. Los 27 artículos que, en acuerdo firmado con empresarios, tienen nuevos precios, en dólares, porque el Bolívar como moneda está muerto, no sirve, no vale nada, para adquirirlos, requieren el desembolso de 38 dólares, y el venezolano común lo que gana, al mes, son escasamente 8 dólares, cucuteños o no.

Hay coincidencia entre expertos en cuanto a que la economía venezolana, tan golpeada, fracturada y venida a menos, requerirá de 10 años por lo menos para recuperarse, y otros indican que siempre y cuando el país tenga a la mano el dinero suficiente, que podría oscilar entre los 25 mil y 30 mil millones de dólares anuales. Pero, ojo, no bajo la administración actual, que dice haber llegado para no irse más nunca de Miraflores. Para que eso no se prolongue, hay una sola vía, la electoral. De seguro, que a la hora de un honesto, sincero, pulcro y mayoritario conteo, los votos a favor del cambio le truncarán esa esperanza.

Mientras esos comicios lleguen, tal cual lo ordena la Constitución, el país que quiere vivir en paz, en progreso y democracia, está favorablemente adhiriéndose a que se alcance el denominado Gran Acuerdo Nacional.

@MorelRodríguezA

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