La vigencia de la Semana Santa de La Asunción, por Manuel Espinoza Melet

En Venezuela, todos los años se asume con absoluto fervor la pasión y muerte de Jesucristo, todo ello deviene de la fuerte influencia que ha ejercido la Iglesia Católica en todo el continente latinoamericano.
España emprende el proceso de colonización, y con ello, arraiga de manera determinante todas sus costumbres y tradiciones. Destaca de manera predominante, el aspecto religioso y cultural, imponiendo el culto hacía las festividades religiosas como una inequívoca expresión del sentir nacional. Venezuela es conducida en el inevitable tránsito de la adoración al Santísimo Sacramento del Altar, de las imágenes marianas y del culto a los santos, la penitencia prevalece en la rutina diaria, así como la impecable presencia a la eucaristía dominical.
La Asunción no escapa de ello, en sus calles se siente el aroma de la fe y la presencia católica, la ciudad alberga una de las catedrales más antiguas de Venezuela, siendo la segunda Iglesia en ser construida en el país. Su primer edificio data del año 1571, el cual fue destruido por un ataque perpetrado por los franceses a la isla de Margarita en 1602. En 1609 se iniciaron las labores para su reconstrucción, la cual fue concluida en 1621.
Los españoles incorporan las procesiones de la semana mayor, al compás del más recio estilo sevillano. En La Asunción se asume esa tradición con extraordinaria rigurosidad, dándole un toque muy característico y único, distinguiéndola como una de las ciudades donde se cristaliza la Semana Santa con verdadera fe, pasión y compromiso cristiano.
Las imágenes son realmente preciosas, la mayoría fueron traídas de España por encargo de Fray Agustín María Costa Serra, quien fue Párroco (E) de la Catedral de La Asunción por un largo período de 40 años (1928-1968). En 1941, son reemplazados  los santos coloniales, y  llegan a la ciudad las nuevas imágenes de Jesús en el huerto de los olivos, Jesús atado a la columna, Humildad y Paciencia y el Santo Sepulcro.  Las imágenes del Nazareno y el Cristo se mantienen, esta última es reemplazada en 1976 por donación hecha por el señor Antonio Navarro.
La procesión se caracteriza por su magistral paso, los cargadores se colocan debajo del mesón y sobre sus cabezas reposan las rodillas (telas entrecruzadas) que confortan el peso de la imagen, lo cual genera un efecto visual único y trascendente. Los días domingo y lunes los pasos procesionales son acompañados de marchas musicales, compuestas por tres trompetas, clarinete y trombón.  A partir del martes santo, comienza a retumbar el sonido del redoblante.
Al llegar a las esquinas, los cargadores efectúan un paso llamado “cuarto redondo”, el cual se ejecuta en algunos casos, girando la imagen en 360 grados, en otros sitios simplemente se hace un “semi cuarto”. Ese paso, a partir del martes santo, se ejecuta al compás de la marcha regular, con trompetas y redoblante. Esa marcha, es eminentemente militar, y se utiliza para hacer honores al Santísimo y también al Presidente de la República en su condición de Comandante en Jefe de la Fuerza Armada.  Una vez, conversando con mi entrañable amigo y prácticamente familiar Eduardo Rivas Casado, le hice referencia al espectáculo magistral que reviste el cuarto redondo con la marcha regular, y Eduardo, con el genio propio que lo caracterizaba, me hizo una referencia extraordinaria. Resulta ser que esa marcha deviene de los castilleros (llamados así por el pueblo) quienes eran los soldados que cumplían funciones de custodia en el Castillo de Santa Rosa, y que tenían la costumbre de bajar el viernes santo a hacerle honores al santo sepulcro. Por la imponencia de ese honor, se asumió que esa marcha debía también interpretarse a otras imágenes, y así poco a poco, se fue incorporando la marcha regular en la Semana Santa asuntina.
El miércoles santo, a La Asunción llega gente de todas partes de la Isla, la devoción a la imagen del Nazareno es realmente sorprendente. A las 7:00 pm sale la imagen en procesión, y a salir de la Catedral, la banda del Estado ejecuta la magistral marcha “Nazareno”, luego transita el boulevard 5 de julio, en la residencia de la familia Espinoza Prieto hace un giro para estar de frente a la imagen del Nazareno colonial (conocido como el Nazareno de las Espinoza), y al llegar a la calle unión, se escenifica el encuentro de Jesús Nazareno con la Dolorosa, la Magdalena y San Juan, imágenes que acompañan al Nazareno en su paso procesional por el casco de la ciudad, hasta su  ingreso a la Catedral a las doce en punto de la noche.
En la Asunción, se realiza un evento único: el robo del santo sepulcro, esa tradición se realiza una vez llegada la imagen del Nazareno a la esquina conocida como el “callejón del cerro del castillo”, junto a la casa del Padre Agustín  y la bodega de Jesús Piñano, a las 11:00 pm, se procede a sacar la imagen del sepulcro por la puerta lateral derecha de la Catedral, bajando de forma muy acelerada por el boulevard 5 de julio hasta la sede del Consejo Legislativo (antiguo Templo de San Francisco); por lo general, la gente corre detrás de la imagen y le grita a los cargadores llamándolos “ladrones”.
El jueves santo se efectúa la Misa crismal, y una vez concluida, sale en procesión la imagen del Santo Cristo, acompañada de las imágenes de la Dolorosa, la Magdalena y San Juan, pero con una paso sumamente rápido y marcial, el tambor marca la pauta al compás de un redoble persistente, esto se realiza siguiendo la costumbre judía, que se materializa en sepultar a los difuntos de forma expedita, por eso la imagen es conducida de forma acelerada por la ruta procesional.
El viernes santo se efectúa la procesión de la imagen del santo Sepulcro.  Sale del Consejo Legislativo a las diez de la mañana, escoltado por cuatro oficiales de la Policía del Estado, quienes se ubican en las cuatros esquinas del mesón, cargando al hombro las bayonetas caladas, e inmediatamente, la banda del Estado interpreta las marchas “Gólgota” “Popule Meus” “Sepulcro de la Asunción” y “Crepúsculo”. Luego a las doce del medio día se ejecuta un cuarto redondo de una hora en la esquina de la calle Rodulfo, para luego seguir por el boulevard 5 de julio en dilatado paso hasta la Catedral, donde ingresa a las tres de la tarde. Luego a las siete de la noche, vuelve a salir la procesión, acompañada de las imágenes del Cristo del santo sudario,  la Magdalena, San Juan, y la Dolorosa, bajo el resguardo de niños que llevan en sus manos los “pasitos”, que son  unas lindas piezas hechas de madera y metal, que representan la agonía del Señor: la escalera, la soga, el gallo, la cruz, la lanza, los dados, el pilar, la cruz, el martillo, los tres clavos y la lanza. La procesión se realiza en paso rápido, en la ruta procesional. Una vez ingresada la imagen a la Catedral, sale por la puerta lateral izquierda la procesión del retiro, la Dolorosa recorre un pequeño trayecto, retornando nuevamente a la Catedral.
El padre Agustín Costa, incorpora una nueva procesión a la Semana Santa asuntina, y es la procesión del silencio, sale el sábado a las 4:30 am de la Catedral, presidida por la Virgen de las Angustias, la cual es una hermosa una copia de la imagen de la piedad de Miguel Ángel. En esta procesión, sólo se escuchará la práctica del Vía Crucis (camino de la Cruz)  y el largo redoble con notas redondas y negras.
Hace muy pocos años, recorre el camino procesional una nueva imagen, la de Jesús resucitado, la música que caracteriza a esta procesión es diametralmente distinta a las de las otras procesiones, se enmarca en tono de alegría y festejo, porque Jesucristo ha resucitado de entre los muertos, se cumplido con el mandato del Padre.
La Semana Santa de La Asunción se enmarca en dos aristas fundamentales:  la primera de ellas se constituye en la compenetración del pueblo asuntino con la devoción y fe, en la activa participación en el calendario litúrgico. En segundo lugar por el aspecto eminentemente cultural, la cual la consagra como un prístino patrimonio, que resalta los más elevados valores de conciencia y pertenencia, de conservación de la identidad nacional. El orgullo de los asuntinos por su Semana Santa es maravillosamente trascendente, asumen con absoluta convicción la preparación correspondiente, y se eleva exponencialmente el gran sentir del margariteño, imponente en su forma y expresión.

Hoy, motivado a la pandemia del coronavirus COVID-19, por primera vez en la historia no tendremos las procesiones de la Semana Santa Asuntina; la ciudad alberga un profundo dolor, porque  forma parte de su gran identidad, las grandes multitudes no se verán reflejadas en las calles de la ciudad capital; a pesar de ello, el fervor de religiosidad de los asuntinos se mantiene intacto, asumiendo el compromiso de adoración a Dios Todopoderoso y eterno, en la claridad y seguimiento  permanente de su palabra y en la firme convicción de que el año que viene las imágenes volverán a bendecir el paso procesional. 

 

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