Cumaná necesita su autopista, por Cristian Silva Potellá

La ciudad de Cumaná capital del estado Sucre, una entidad federal ubicada al extremo oriental de Venezuela, con más de 500 años llenos de historia, música, gente noble y alegre; en pleno siglo XXI no posee una arteria vial rápida, segura y eficiente que la comunique con el resto del territorio nacional.

Se agotaron 40 años de democracia representativa y entramos en la tercera década de un gobierno llamado socialista. Han pasado 60 largos años donde la renta petrolera ha sobrepasado astronómicas sumas de trillones de dólares; pero a Cumaná la tienen marginada, obligándola a transitar una carretera rural o trocha asfaltada, construida “a pico y pala por presos con grillos en los pies” del dictador Juan Vicente Gómez o Marcos Pérez Jiménez.

Esta carreterita prehistórica que une Cumaná con la ciudad de Puerto La Cruz, estado Anzoátegui,  con una extensión menor a 80 kilómetros, es récord guinness por la cantidad de curvas, lo cual enlentece la travesía a tres o cuatro horas cuando hay mucho tránsito pesado. Pero si existiera una autopista se cubriría en treinta minutos.

Y como se ven las cosas es muy posible se retorne a las embarcaciones de vela para trasladarse desde Cumaná a la ciudad capital de la República, en vista de la carestía de gas, gasoil y gasolina, combustibles necesarios para el funcionamiento de autobuses y vehículos particulares.

Es una verdadera lástima que no pueda utilizarse el potencial turístico ilimitado de Cumaná con un litoral de 21 kilómetros, el más largo de Venezuela y uno de los mayores del mundo, motivado a la tortura de la carretera colonial que la une con el estado Anzoátegui y el resto del país.

A todo esto, las actuales autoridades se empeñan en gastar dinero destruyendo la ciudad. Cerrando calles y avenidas, limitando el tráfico automotor para construir paseos y bulevares innecesarios. Tal como ocurrió con el paseo Santa Inés ubicado frente la iglesia del mismo nombre, el cual dejó fuera de servicio un tramo de una arteria vial tan importante como la calle Bolívar.

En estos momentos, en pleno centro de la ciudad, frente la Plaza Miranda, -en el mismo lugar donde el científico alemán Alejandro Von Humboldt  observaba la venta de esclavos en aquella Cumaná ancestral- se le mutila a la ciudad cuna del Gran Mariscal de Ayacucho otro pedazo de calle, en vez de dirigir esos recursos a la consecución de obras de la autopista Cumaná-Puerto La Cruz-Barcelona.

Y no solo es Cumaná la ciudad perjudicada en su progreso por la falta de esta autopista. Es todo el estado Sucre. Es Carúpano, Cumanacoa, Marigüitar, San Antonio del Golfo, Cariaco y Casanay con sus múltiples balnearios como Kokoland y Aguas de Moisés.

Las actividades pesqueras de  Río Caribe, Araya, el Morro de Puerto Santo, Guaca y Güiria, así como  ciudades y pueblos de la península de Paria con su agricultura de cacao y coco, también se afectan al no poder transportar rápidamente sus productos. 

La ciudad de Cumaná aparte de ser capital de estado, también representa la puerta de entrada a toda esta región venezolana llena de mar, naturaleza amigable, montañas, ríos, una vigorosa vida comercial, turística; y en particular, una población  deseosa de aumentar su productividad ayudada con una óptima infraestructura vial.

 

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