¿Cuántas personas acaban realmente los libros que empiezan?

Sabemos cuántos libros se compran, también cuántos libros se recomiendan o, según las encuestas, qué libros gustan más o menos. Pero leer, como cualquier otra actividad, también puede ser un signo de distinción, así que muchos se hacen pasar por lectores cuando en realidad no lo son.

Jordan Ellenberg, un matemático de la Universidad de Wisconsin, sentía curiosidad por saber cuántas personas realmente acaban los libros que empiezan a leer.

Depende del libro

Lejos de miradas escrutadoras y apariencias sociales, en realidad los libros más difíciles o densos son los que mayormente no se concluyen. Ellenberg extrajo la información de los macrodatos de Amazon, que informa de cuánta gente cita distintas frases de los libros.

Así que se compararon las frecuencias con que se cita las frases del principio y del final, con el propósito de tener una idea aproximada de la propensión de los lectores a acabar el libro. Es decir, tomó el promedio de los números de página de los cinco pasajes más destacados del libro y los dividió por el número total de páginas.

La cifra resultante es una medida aproximada de hasta dónde han llegado los lectores en Kindle a través del libro electrónico. Algunos datos curiosos que extrajo al respecto con los siguientes (y que sugieren que las personas no suelen acabar los libros de los economistas):

El 90 % de los lectores terminaron la novela El jilguero, de Donna Tart.
El 7 % completó Pensar rápido, pensar despacio, del Premio Nobel de Economía Daniel Kahneman.
El 3 % terminó El capital en el siglo XXI, del economista Thomas Piketty. Pocos lectores se han aventurado más allá de la página 26 del volumen, que tiene 685 páginas.
Son tres libros que se han vendido mucho pero que, sin embargo, no se leen de igual forma. Al final, al autor, lo que le importa es que el libro se venda, pero seguramente asumir que casi nadie acaba sus libros debe de ser un buen golpe a su autoestima (o una forma de considerar al lector medio como un pobre diablo).

Con todo, Ellenberg admite que el método de evaluar así las costumbres lectoras “no es científico y es solo es para fines de entretenimiento”.

Son tres libros que se han vendido mucho pero que, sin embargo, no se leen de igual forma. Al final, al autor, lo que le importa es que el libro se venda, pero seguramente asumir que casi nadie acaba sus libros debe de ser un buen golpe a su autoestima (o una forma de considerar al lector medio como un pobre diablo).

Con todo, Ellenberg admite que el método de evaluar así las costumbres lectoras “no es científico y es solo es para fines de entretenimiento”.

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