Pareja francesa que vive desconectada en un bosque de Francia quiere dejar un legado

Por Regis Duvignau

CHASTEAUX, Francia, 31 ene (Reuters) – En una zona boscosa del centro de Francia, una joven pareja vive desconectada en una cabaña de madera y paja. Su objetivo no es ocultarse de la ley sino cambiarla.

Jonathan Attias, de 33 años, y Caroline Perez, de 34, son la fuerza detrás del movimiento «Desobeissance fertile»

(Desobediencia Fértil), que vincula a entusiastas de un regreso a la naturaleza con propietarios que están interesados en dejarlos construir viviendas en sus tierras.

Attias y Pérez construyeron una cabaña en un terreno de tres hectáreas compartido con un amigo. También viven allí otras dos personas.

«Queremos mostrar que es posible que la gente viva con y en la naturaleza», dijo Attias, quien brinda asesoramiento legal y práctico a personas que quieren vivir desconectadas en cabañas, yurtas, pequeñas viviendas o casas temporales.

Hace un año, la pareja construyó su casa «compostable» con madera, piedra, fardos de paja y materiales reciclados como lonas y puertas antiguas. Cuando se vayan, la casa será biodegradable.

Pero en Francia, como en la mayor parte de Europa, la gente no tiene permiso para construir viviendas en bosques y tierras agrícolas sino sólo en áreas designadas para casas y donde deben respetar códigos de vivienda.

Attias quiere cambiarlo. «Presentaremos nuestro caso a los medios y queremos un debate público, queremos que cambie la ley», dijo a Reuters.

Pero el alcalde está en desacuerdo. «Todos quieren cambiar la ley cuando les conviene. Lo que ellos están haciendo está prohibido», dijo Jean-Paul Fronty, alcalde del pueblo de Chasteaux, que tiene 744 habitantes.

Attias y Pérez viven en el bosque por elección. Hace dos años eran profesionales urbanos en París. Attias todavía da clases en una universidad de la capital francesa dos veces por mes y trabaja como periodista freelance. Pérez asiste en el nacimiento de bebés.

La pareja tiene un auto, seguro médico y su hija de 4 años asiste al colegio en el pueblo, una caminata de 3 kilómetros desde su cabaña, que está calefaccionada con una estufa a leña y provista de energía solar.

Ambos son vegetarianos y cuidan un gran jardín de vegetales, pero también reciben productos gratis que no pudo vender una tienda natural del pueblo. El agua proviene de un manantial y la vuelven potable con un filtro de carbono. «Somos los guardianes del bosque. No degradamos nuestro ambiente, lo mejoramos», dijo Attias.

(Reporte de Regis Duvignau y Geert De Clercq; Escrito por Geert De Clercq; Editado en español por Lucila Sigal)

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