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Torta educativa, por Manuel Avila

De verdad cada día entiendo porque nuestra sociedad anda tan mal. Es que los maestros andan mal porque ganan poco y no les alcanza para alimentarse, para vestirse y para enriquecer el enciclopedismo que debe tener un Maestro. No tienen como comprarse un libro, ni un diccionario, ni una computadora, ni una tableta y menos un teléfono inteligente. Es que es calamitosa la situación de los maestros nacionales y estadales porque no les alcanzan los sueldos para vivir.

Con todo y eso al Ministro de Educación Aristóbulo Istúriz se le ocurre decir que los maestros son los mejores pagados del Continente y que se están bañando en agua de rosas, pero si tienen algún problema el culpable es Trump. Pero lo que es peor la Jefa de la Zona Educativa de Nueva Esparta se atreve a decir “que el salario de los docentes está por encima del salario mínimo nacional y que el Ministerio y los gremios revisarán el tabulador salarial. En ese estado de locura de querer justificar las políticas salariales de un gobierno que no gobierna están empatadas las autoridades del Ministerio de Educación que no encuentran la fórmula para justificar como el principal motor del desarrollo de un país está atrapado en una jaula roja. No se trata de entregar morrales, de entregar zapatos, uniformes y útiles escolares, pues los docentes viven condiciones de miseria jamás vistos en este país.

Pena debería darle a Aristóbulo y sus jefes de Zona Educativa al dar declaraciones para justificar “La torta educativa nacional” porque en ninguna parte del planeta se puede condenar a los docentes a esa calamitosa situación que los hunde en el lodazal de las penurias salariales. Por eso los docentes que eran los grandes colaboradores de la educación del país dejaron de aportar para la funcionabilidad de las instituciones. No les alcanzan los reales para comprar papelería, telas, tizas y todo el material usado para que un salón de clases avance por el rumbo de la excelencia educativa. No existen posibilidades que los maestros pongan dinero de sus salarios para aportar ni una hoja de papel  a sus escuelas, pues llegaron al límite de sus beneficios salariales.

Que conste que por años los maestros fueron los subvencionadores del aparato educativo nacional, regional y municipal. No necesitaban recibir memorándums, ni órdenes, ni mandatos, ni imposiciones, sino que por su cuenta colaboraban con sus aportes personales para poner en marcha la educación de nuestro país. Ahí está la razón por la cual salió Elías Jaua del Ministerio de Educación, pues el ex Ministro se negó a echar por tierra los contratos colectivos de los maestros y además pidió elecciones libres de las autoridades del PSUV, razones suficientes para que la cúpula del régimen lo condenara al ostracismo político.

Creer como cree  Noris Soto que con la mentira de un incremento del 275%  que según ella coloca a los docentes por encima del salario mínimo nacional se le solucionan los problemas económicos a los docentes venezolanos es parte de la caricatura de un gobierno que se hizo enemigo de los educadores de todo el país. Pero lo peor es que creen las autoridades educativas que con la entrega de morrales, zapatos y útiles escolares están encaminando la educación venezolana por los caminos de la excelencia educativa. Tampoco creo que entregando escobas y cuadernos Caribe se puede arreglar la crisis de la educación que ha visto como se destruye de a poquito la obra de las 108 escuelas que se construyeron en el Gobierno de Morel Rodríguez con más de 77 aulas de telemática que tenían hasta 30 computadores de marca en sus espacios virtuales.

Qué no crean que los ciudadanos no están viendo el juego desde la tribuna y que solo se les adoctrinará con unas bolsas claps, con unos bonos mensuales y con la estafa de mentirle a los educadores  al condenarlos a la farsa de que son los que mejor ganan en la administración pública venezolana y sus sueldos son los más míseros del Continente. Es que el chavismo creyó que con las misiones de la mentira había hecho historia de la grande porque cuatro adoctrinados personajes populares fueron pagados para que dijeran que el analfabetismo había sido execrado de las fronteras nacionales.

Da lástima que los gerentes de la educación pretendan engañar a la ciudadanía cuando las escuelas públicas solo cumplen con 80 días de clases anuales, mientras los colegios privados pasan por encima de los 180 días. Esa es la única verdad que los estudiantes de las escuelas nacionales, estadales y municipales quedaron por debajo del avance de los colegios privados del país, pues los maestros se fueron del país a buscar mejores condiciones de vida y dejaron las escuelas venezolanas sin educadores egresados de las universidades, pedagógicos y escuelas normales, para dar paso a los docentes de algo que llaman “Chamba Juvenil”, de los egresados de la UBV o e algunos maestros cubanos de esos que quedan rezagados por los caminos del país. Eso ha obligado al MPPE, a las Gobernaciones y escuelas municipales a poner a dar clases a cualquier “bachacón”.

Por eso cuando Noris Soto habla es mejor que permanezca callada y deje a Aristóbulo encabezar esa discusión por la dignidad de un país, pues es evidente que Venezuela necesita de grandes maestros para salir de ese atolladero que hace ver oscuro el panorama del futuro nacional. No s con amenazas como se mueve el cotarro del desarrollo, del progreso de los pueblos, sino dándole el peso específico a la responsabilidad de los maestros en los altos valores educativos que permitan formar los ciudadanos que el país necesita para tener hombres y mujeres graduados de ciudadanos.

Qué tristeza vive el país cuando el gobierno nacional le da una puñalada al desarrollo condenando a sus maestros a la peor miseria de su historia, pues es evidente de cómo marche su educación caminará el desarrollo de las naciones. Todos esos sueños del progreso lo sepultaron los gerentes del aparato educativo que no pegaron un bloque más en la construcción de escuelas,  ni de bibliotecas, ni salas de informática y menos de la actualización docente para garantizar docentes de valía que adquirieron formación en las universidades nacionales y ahora son sustituidos por los integrantes de un club de ignorantes llamados “Chamba juvenil”. Esa es la historia de la degradación educativa que Noris ni menciona porque sabe que su historia quedó condenada al fracaso y solo eso.

No entendieron Aristóbulo Istúriz y Noris Soto que la educación es el centro del mundo y que mientras sigan negando la valoración a un sistema educativo, beneficios a los docentes y pagándole menos que a los caleteros del mercado, no será posible cristalizar un proyecto dirigido a elevar el nivel de la enseñanza. Esa es nuestra historia y no basta con mantener peleas sin sentido que terminan sin aportar nada a la transformación de la sociedad.

Encíclica/ManuelAvila

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