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Pienso luego existo, Qué significa el aforismo de Descartes

Pienso luego existo | Qué significa el "Pienso luego existo" de Descartes

Probablemente hayas escuchado en algún momento de tu vida el famoso cogito ergo sum, o, cuanto menos, la versión en castellano de esta frase dicha por el filósofo René Descartes: «Pienso luego existo». Ciertamente, es una expresión que ha permanecido en la memoria colectiva a lo largo del tiempo. Pero, ¿sabes qué significa exactamente? Si quieres saber qué significa esta frase de Descartes y saber por qué la dijo, acompáñanos a averiguarlo.

1. Quién fue Descartes

Descartes no solo fue un filósofo, sino que también forma parte de esos matemáticos importantes que debes conocer. De origen francés, nació a finales del siglo XVI y murió a mediados del siglo XVII, en una época crucial para el pensamiento filosófico. El hombre de las cavernas, haciendo referencia al mito de la caverna de Platón, empezó a vislumbrar la luz de la realidad. Salía el hombre de los años de oscurantismo propios del medioevo, y empezaba a cuestionarse sobre su propia existencia y el mundo que lo rodeaba.

Es en ese contexto donde el autor del «Pienso luego existo» decide plantearse su propia filosofía, una filosofía que no viniera permeada de los equívocos de los filósofos cristianos contemporáneos o previos a él, así como libre del pensamiento griego, de gran valor para el filósofo francés, pero que también lo podían llevar a error. Pero, ¿cómo establecer un pensamiento propio? Esa parece ser la pregunta de fondo de Descartes. ¿Cómo librarse de todas las ataduras del pensamiento medieval y clásico para fundar, finalmente, una filosofía que no desembocara en el error? Para ello Descartes recurrió a la duda metódica.

2. La duda metódica: el camino al cogito ergo sum

A diferencia de muchos filósofos previos a Descartes, éste decidió desligarse del pensamiento de Platón y de todo otro filósofo que hubiera destacado hasta el momento. Para ello, como dijimos más arriba, Descartes acudió a la duda metódica, o, dicho de otra forma, un método de la duda. Descartes, en su afán por dar con una filosofía verdaderamente suya, real, y que no desembocara en error (esto lo encontraría con el «Pienso luego existo»), se resistió a creer en lo que cualquier otro hubiese dicho antes y, yendo más lejos todavía, en todo aquello que no pudiera ser comprobable.

Descartes decidió, pues, ser un escéptico. Decidió dudar de todo, y cuanto más a fondo iba en su duda, más se daba cuenta de que nada estaba sujeto a comprobación. ¿Existía el aire que respiraba? ¿Existían las rocas que veía, o acaso sus sentidos lo engañaban? ¿Existía, acaso, él mismo? Ninguna de estas cosas Descartes parecía poder confirmarlas. Claro, tenemos que tener en cuenta que en el contexto en el que Descartes vivía las ciencias estaban bastante atrasadas con respecto a la actualidad, y el hombre estaba muy sujeto a su intuición.

2. Pienso luego existo

¿Existía la realidad, o todo lo que estaba entorno a él era un producto de su imaginación, como ocurre en los sueños? Esta era la clase de dudas que Descartes se planteaba, hasta llegar al extremo de preguntarse si acaso él mismo existía. ¿Existía? Pues parecía existir, pero, ¿había alguna manera de comprobarlo? No la encontraba. Pero un día pareció encontrar una respuesta. Descartes se preguntó si la duda existía. ¿Se puede dudar de algo? Pues sí. De hecho, en el acto mismo de dudar de la duda Descartes confirmaba que la duda existía, pues de no existir no se pudiera dudar de ella. Esta fue la primera certeza a la que llegó Descartes, y de ahí emergieron las más famosas frases de Descartes.

Pero, ¿y cómo pasó de eso al Pienso luego existo? ¿Cómo llegó al Cogito ergo sum? Pues ahí todo se le hizo más fácil: Descartes concluyó que si la duda existía, entonces tenía que haber, necesariamente, alguien que dudara. ¿Y quién dudaba sino él? Por lo tanto, si Descartes dudaba, entonces existía. ¿Y qué es dudar? Pues dudar no es más que una manera de pensar (desde el escepticismo), y, por lo tanto, concluyó: Cogito ergo sum, Pienso luego existo. De ahí el origen, y ahí el significado, de la famosa máxima cartesiana.

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