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La desesperación por el poder, por Morel Rodríguez Ávila

Todo gobierno, para nada democrático, evidencia desde sus inicios una enfermiza postura, que le lleva a violentar leyes y al sometimiento de algún modo de los gobernados. Siempre ha sido así, desde que el hombre descubrió que, siendo más fuerte que su semejante, podía someterlo. Los pueblos que han sufrido toda clase de totalitarismos son el mejor de los ejemplos. Busquemos en la historia y encontraremos en sus páginas las más cruentas explicaciones de esta clase de situaciones, todas mostrando los más perjudiciales resultados.

Ninguno de los pueblos sometidos pudo conocer lo que era la libertad y el progreso, pero sí el sufrimiento y el atraso. De allí que los dictadores hayan sido una pesadilla, la más horrenda, de paso, que hayan sufrido las naciones en cualquiera de sus tiempos y circunstancias. Ese desespero por tenerlo todo bajo el más duro control, es el retrato más exacto de la ambición por un lado y, por el otro, de debilidad. Sí, de debilidad, puesto que tenerlo todo es, para esos individuos, imprescindible. Sin ese control, se sienten solos, despojados de todo, aunque sean los amos de todo.

La reflexión viene a cuento al escuchar al presidente decretar que todo el manejo de la Salud, en el caso de nuestro estado Nueva Esparta, fue transferido, a troche y moche, al gobierno nacional, cuando constitucionalmente esa era una atribución del gobierno regional.

La explicación, tan baladí como inaceptable de la parte oficial es que, mediante esa medida, el importante servicio se mejorará y se le prestará, de ahora en adelante, a la población entera. Inmensa mentira, pobre señalamiento, debilitada explicación de un gobernante que busca, por la vía de estos actos que violan todo lo administrativo y legal, cubrir con tales actitudes la pobre y en la práctica casi nula atención que su gobierno le haya dado a la Salud no sólo en Margarita y Coche, sino en toda Venezuela.

Cree el presidente que actuando así soluciona el problema, muy grave, por supuesto, que sufre el pueblo, tan igual como la ausencia, real, del resto de los servicios públicos: educación, transporte, alimentación, medicinas, agua, electricidad, gas doméstico.

Cree el presidente que, a la machimberra, como acostumbra actuar, podrá resolver lo que, actuando por la vía legal y basado en inteligencia, experiencia, dedicación y sensibilidad cierta, no pudo en lo que lleva de mando.

Enorme equivocación, gigantesca muestra del pantagruelismo que caracteriza su gestión, es decir la alocada voracidad por ponerle mano a todo. Esa desesperación lo lleva directo al fracaso pues, si no ha podido resolver ni un solo problema desde que está asentado en su poltrona de mando en Miraflores, menos podrá con el de la Salud, que implica incontables situaciones, decisiones y dedicaciones, pero no la que ha asumido o que le ha quitado al gobierno regional, sumando tan mala decisión, perjudicial sin duda alguna para el pueblo insular, a la ya adoptada de quitarle el mando de la policía y de otras instituciones.

Eso, que no evidencia progreso sino atraso, le costará muy caro al presidente a la hora de buscar respaldo para su eventual candidatura o para el que resulte designado. Pareciera que el presidente no piensa como debe pensar un gobernante demócrata; pareciera que al señor presidente poco ya le está importando el futuro inmediato de su revolución pues, por lo que está demostrando, es que sigue transitando por el camino equivocado.

@MorelRodríguezA

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