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El desarrollo insular, un reto gigantesco, por Morel Rodríguez Ávila

La descentralización fue, nadie puede olvidarlo ni menos contradecirlo, la decisión mayor que la democracia le haya dado a Venezuela en lo que va de su historia republicana, en cuanto a favorecer el desarrollo del país y sus regiones se refiere.

Fue, si se quiere, tabla de salvación, casi milagro que operó con buena fortuna sirviendo de fundación a cientos de planes y programas que en nuestros estados se propusieron como palancas que habrían de impulsar los desarrollos locales, municipales y regionales.

Una tarea que fructificó, que respondió acertadamente a las demandas de progreso que, provincia adentro, eran clamor, quedando convertidas en realidades gracias a la descentralización, lo cual está suficientemente probado.

Porque resultó así, favorable y exitosa, los que llegaron pregonando que la revolución mejoraría lo establecido, que crearían  un hombre nuevo, un país feliz, exactamente lograron todo lo contrario: derrumbaron lo que la democracia había creado, sostenido y fomentado a favor del crecimiento económico y social del país y de su pueblo.

Lo primero que hicieron fue decretar el cese, la eliminación de la Descentralización.

Al nuevo gobernante, que quería todo el poder, no le convenía que la provincia se alejara de Miraflores, que trabajara por la libre, sin que ello significase desintegración alguna, ni menos crear republiquitas, y de cuajo la eliminó. La regresó al pasado.

Otra vez, para ejemplarizar el asunto, el presidente autorizaría desde la compra de un pupitre para la escuelita rural de la aldea más recóndita de nuestro mapa hasta el fusil, incluyendo el proyectil con el cual se irá a una posible guerra.

Es decir, el camino hacia el futuro, que se estaba construyendo para el desarrollo regional, fue dinamitado por las ansias, más bien pantagruélicas ganas de atragantarse de poder que, desde el primer día, mostraron los que llegaron, favorecidos por el voto, gracias a la democracia a la cual quisieron derrocar.

Negarlo, es pretender tapar la luz del sol con un dedo.

Prueba de ese afán personalista, autoritario y pernicioso, es lo sucedido con el Puerto Libre. Al cual acorralaron, lo olvidaron e hicieron hundir.

Tampoco les convenía- Muy simple: porque era otra obra, positiva en muchos sentidos para el progreso y desarrollo que la democracia le había dejado a los pueblos de Coche y Margarita. Palanca, sin duda, del crecimiento insular porque, así como el turismo a Nueva Esparta era lo que el petróleo al Zulia, el comercio constituía la otra columna en la cual descansaba ese progreso y desarrollo. ¿Quién puede afirmar lo contrario? ¿Qué argumentos podrían dar los que se atrevan a negar lo que es público y notorio? ¿Acaso es mentira el grueso número de bodegas, abastos, supermercados, tiendas, comercios, compañías, fábricas y hoteles (la lista de larga) que en nuestras islas quebraron, cerraron, se fueron, consecuencia directa de la pésima gestión del gobierno revolucionario?

Lo anterior es un simple resumen, porque la realidad es de verdad aterradora. Claro que el país está quebrado, lo que nos ocurrió en Nueva Esparta sucedió también en todos los estados y regiones de la república. Venezuela, al decir de los más calificados economistas nacionales y extranjeros, está quebrada. Terrible afirmación, pero cierta, muy cierta.

De allí que resulte supremamente difícil reencontrar el camino que nos lleve, otra vez, al desarrollo insular en nuestro caso. Un reto gigantesco, una tarea de todos, en la cual se requiere mucha firmeza, fuerza, dedicación, constancia y sacrificios. En ello, sabemos, el gobierno regional actúa constreñido dada la insuficiencia presupuestaria, pero también por la absurda discriminación que el gobierno central mantiene sobre Nueva Esparta por ser su gobernador un demócrata

Una verdad que duele, molesta, evidencia indiscutible, palpable, de la mediocridad de muchos que, desde las alturas del poder siguen creyendo que son y serán los únicos, utópicos y afiebrados militantes que no ter minan de darse cuenta que ya les llegó el tiempo de vivir de puras ilusiones. Sus propias torpezas los debilitaron al extremo que, a la fecha, el rechazo se acerca al noventa por ciento, algo increíble pero cierto.

@MorelRodríguezA

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