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Dialogar vale la pena, por Morel Rodríguez Ávila

Cualquier intento por entenderse, en todos los niveles, a favor de encontrar cuanto antes la salida más posible dentro de la legalidad existente a la grave crisis que nos perjudica, será bienvenido y millones de venezolanos de todo credo, ideología, raza y posición social lo agradeceríamos hasta el infinito.

El país no puede seguir consumiéndose en la agonía en que vive. Imposible continuar la errática senda actual, a sabiendas, y muy claro, que nos conduce al precipicio. Ya basta de tanta angustia, que nos la produce el gobierno e igual la oposición. Tienen que ponerse definitivamente de acuerdo y aceptar que primero está el país, su gente, su paz, su futuro; después cada partido, cuando se alcance el verdadero entendimiento, podrá cobrar, con creces, la parte de la victoria que le corresponda, que será traducida en votos, por supuesto.

Dialogar, entonces, es el objetivo nacional. Una obligación compartida que nadie, léase oficialismo y oposición debe rechazar. Por el contrario, asumir con decisión, con valentía y absoluta responsabilidad.

La Venezuela que anhela ser libre nuevamente lo reclama. Los liderazgos del chavismo y los de la oposición, ambos cuarteados, aunque no lo acepten, tienen que definirse si su interés habrá de centrarlo en la defensa de sus beneficios o en los de la patria tan sumida ya en pobreza, desamparo, atraso y su gente cada día sufriendo sin tener las venezolanas y venezolanos culpa alguna y, menos, respuestas ciertas del cómo y cuándo cesarán los males que nos aquejan No se puede permitir que termine el año en curso sin que tirios y troyanos se hayan puesto de acuerdo. Ello sería la más grande muestra de irresponsabilidad con el país que pudieran dar los liderazgos oficialistas y los democráticos Imperdonable.

Aunque el presidente a cada rato reitera en sus insoportables cadenas que acudirá a donde sea para dialogar, y la oposición muestra desconfianza, natural y lógico ante las jugarretas del oficialismo, la opinión pública quiere que el diálogo se produzca aquí o en cualquier parte, cansada como está de tanta burla, de tanto fracaso, burla y desilusión.  Probado ha sido que el gobierno siempre tendrá una carta bajo la manga. Igual que la oposición tiene las suyas lo que, si a ver vamos, hasta luce natural porque unos y otros irán a la mesa a jugarse su destino.

Lo que debe preocupar es que a la hora de repartir algunos de los jugadores no estén tan avispados y se dejen meter gato por liebre y ganen los que deben perder y pierdan los que deben ganar.  No es que el gobierno deba perder, es que en la práctica ya perdió  porque su gestión ha sido tan mala como culpable de lo que a Venezuela le ocurrió en todo sentido. No es que la oposición deba ganar porque sí, sino que todo el país, incluyendo a medio mundo del oficialismo, quieren que gane pues, ganando, el que finalmente ganará será el pueblo mismo.

Dicho de este modo, el diálogo tiene que celebrarse. No puede retardarse más.

Ya los partidos integrantes del acuerdo firmado en La Casa Amarrilla han manifestado, hasta el cansancio, que dialogar es necesario, imprescindible, urgente. Los que conforman el Grupo de los Cuatro, tan demócratas como los otros lo analizan y, como el país entero lo espera, habrán de decidirlo cuanto antes.

Venezuela se los agradecerá eternamente.

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