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El colibrí de Laureano por Gustavo Yepes

Ayer 26 de septiembre tuve el privilegio de asistir al encuentro de egresados y amigos de la Unimet en Madrid. Algunos podrían pensar que se trató de un encuentro de ex compañeros y amigos nostálgicos por el país que dejaron atrás para comenzar a soñar y hacer desde cero. Fue mucho más y hoy me siento más optimista, más venezolano que nunca a pesar de la distancia y más claro en que todos debemos aportar un poquito de agua, como hace el colibrí de Laureano, para entre todos apagar el voraz incendio que consume la patria.

Se habló muy poco del país que tenemos hoy y mucho del país que vamos a tener más pronto que tarde. Se habló poco de los que hemos emigrado y mucho de los que se han quedado, algunos valientemente al frente de sus empresas, otros preparándose para el futuro, muchos aportando sus capacidades para mantener viva la llama del emprendimiento bajo condiciones adversas. No se habló de política sino de trabajo, de estudio, de esfuerzo, de emprendimiento, de preparación.

Cinco emprendedores nos demostraron que se puede comenzar desde cero y lograr el éxito empresarial. Ellos nos hablaron de esfuerzo, de enfoque, de optimismo realista, de desvelos, de los pequeños fracasos que  allanan el camino del éxito, de solidaridad, de agradecimiento, de no ponernos límites, de estar atentos a las oportunidades. Me siento muy orgulloso de ellos y sé que muchos replicarán sus logros, hoy aquí, mañana allá, en el país soñado que aguarda por nosotros.

Dos empresarios, un gerente y un científico, todos ellos prestados a la Universidad en diferentes roles, nos hablaron de conocimientos, de capacidades, de competencias que son necesarias para construir el nuevo país. Nos hablaron del optimismo ligado a la acción, de sinergia entre la academia y la empresa, de no rendirse a pesar de todo. Nos hablaron también de la necesidad de que seamos solidarios con las universidades, un reducto que debemos defender de los embates de la barbarie porque allí se siembra el futuro. Ni más menos.

No podía faltar Laureano, siempre pintando sonrisas incluso cuando habla de cosas muy serias. Impecable.

Hubo un lema que apareció continuamente en el trasfondo: “Cuando cambias uno lo cambias todo”. Yo estoy seguro que este evento cambió a muchos y va a tener un impacto muy positivo en la Universidad, en el país y sobre todo en el corazón de quienes asistimos personalmente o de forma virtual.

Finalizó haciendo un llamado a todos aquellos que han perdido la esperanza, sobre todo a quienes se dedican a promoverla. Hay futuro, hay juventud, hay proyectos, hay capacidades, hay unos cuantos tercos que no se rinden y la suma de todos los esfuerzos de ellos, de nosotros, va a dar sus frutos. No importa que seamos un colibrí o un avión cisterna. Todos podemos y tenemos la obligación de sumar para apagar el incendio y rescatar lo que el fuego de los tiranos ha destruido”.

Gustavo Yepes/800Noticias

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