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AD/78 años, por José Angel Borrego

El partido blanco pisa la octogenaritas sin afloramiento de liderazgos emergentes.

-Todos los indicadores registran decadentes cifras para la otrora poderosa maquinaria que ostentó la más fabulosa nómina de genios de la política latinoamericana.

Hubo épocas en que Acción Democrática era un partido de tal fortaleza dirigencial que una convención para elegir autoridades podía convertirse en un campo de batalla, no solo en Caracas, igual podía acontecer en Anzoátegui, Nueva Esparta o cualquier estado del país, sin una sola excepción. Y no hablamos de etapas muy pretéritas; apenas 30 o 40 años nos separan de aquellas fechas épicas de la política venezolana.

Los actos aniversarios de AD eran verdaderas manifestaciones populares. La gente en cada circunscripción acudía con la expectación de saludar a su líder local del partido, fuere municipal o regional. La dirigencia nacional se desperdigaba en las capitales de estado y el momento de su llegada era un acontecimiento que electrizaba a la militancia blanca. En una ocasión cubrimos una de esa Romerías (así se les decía) en Ciudad Bolívar a la que acudió el Presidente Raúl Leoni con su esposa Menca y ordenó a la Guardia de Honor que se permitiera a la gente acercársele, saludarlo, besarlo y ofrecerle expresiones de afecto por ser adeco y por ser guayanés. Igual en Margarita presenciamos una Romería con Morel en son de anfitrión y diversos líderes nacionales asfixiados por la marea humana. Aquellos fueron otros tiempos. Había partido, había liderazgo, había entusiasmo, Había…

Hoy es 13 de septiembre, fecha aniversaria del partido blanco, más alicaído que nunca producto de la ausencia de aggiornamento en sus cuadros lo cual se genera porque el liderazgo no estimula la savia renovadora en el fluido partidista. La abulia se apoderó de AD y hace estragos en su organismo. Quienes detentan su autoridad, a cualquier nivel, la ejercen deslegitimados absolutamente. Temerosos de concitar a las bases o a los pocos jabatos que aún permanecen leales al legendario acervo. AD, o mejor, los adecos de la cúpula, confían en la inmortalidad del legado de ese partido y ostentan una casi absurda certidumbre de que el Ave Fénix retornará por sus fueros en una (por ahora, como diría el difunto) impalpable cita electoral.

Mientras bajo las tejas y adobes de la vieja casa que construyera la iconoclastia de Rómulo Betancourt languidece el espíritu combativo, en casas vecinas surgidas del reto a la canalla mandante, nuevos soldados de la política cuecen habas emparentadas con la insatisfacción que bulle en el corazón del país y labran un mejor mañana.

JoséAngelBorrego

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