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Las Farc, la guerra, Venezuela y la paz, por Morel Rodríguez Ávila

Hubo muchos que juraron a favor de los guerrilleros, tildándolos de hombres de honor a sabiendas que a la mayoría todo el mundo les calificaba de asesinos, narcotraficantes y terroristas. Los pacifistas que se las dan de tales y en el fondo no pasan de ser sino protectores de los que nunca dejarán la violencia como arma para conseguir sus fines, fueron los primeros en alzar su voz condenando a los que, razonamiento de por medio, advirtieron que algunos de los hijos y nietos de Marulanda, como la cabra, de nuevo cogerían el monte.

Y no se equivocaron. Aduciendo incumplimiento por parte del gobierno de puntos que los beneficiaban, dentro de los acuerdos de paz, una facción de las Farc, la dirigida por Iván Márquez, anunció su regreso a las armas que, al decir de los que de ese asunto saben, nunca dejaron sino escondieron en tierra venezolana y se declararon nuevamente en rebeldía decididos a conseguir a plomo limpio su victoria. Es decir, atacar quizás con más fiereza a la democracia, a la constitución y al pueblo de Colombia. Desde luego, en una guerra que ya no indirecta sino directamente afectará también a la democracia, a la constitución y al pueblo de Venezuela.

Las Farc, ahora partidas en dos, copan nuevamente el escenario latinoamericano. Una facción, se supone que la más numerosa y cuyos líderes no tienen un expediente tan grueso por actos criminales ni ligazón tan directa con el narcotráfico, cuya dirigencia es más razonable, proclive al entendimiento, signataria real del acuerdo de paz, liderada por Timochenko, reiteró su apoyo a continuar transitando los caminos institucionales, oficialmente convertida en partido político.

La otra, que comanda Márquez, alzada en armas, vuelve a ser la guerrilla violenta, la que asesina policías, soldados, campesinos, secuestra periodistas, personalidades y funcionarios de gobierno. Entre sus comandantes figura Jesús Santrich, a quien la Interpol busca por estar inmerso hasta los tuétanos en varios crimines de lesa humanidad y tráfico de cocaína, que según afirma el gobierno de Colombia estuvo viviendo en Venezuela protegido por el gobierno de Maduro, desde su fuga hasta el público anuncio del regreso a la violencia.

Las implicaciones que este hecho genera para Venezuela son muchas, complejas, graves, peligrosas.

Las Farc de Márquez van a la guerra lo que indica, sin discusión, que cuentan con toda clase de apoyo; que tienen bien planificada su acción a largo plazo, y que las respaldan gobiernos e instituciones. Gobiernos como el de Venezuela, que no esconde su simpatía y ayuda hacia el movimiento de Márquez, al decir de analistas, expertos y voceros políticos- E instituciones como el Foro de Sao Paulo, recientemente reunido en Caracas, días previos al anuncio de regresar al monte hecho por la facción armada.

Desde luego que el revuelo es grande. Aquí, en un comunicado, el gobierno de Maduro critica duramente al gobierno de Colombia acusándolo de no haber cumplido con lo ofrecido en el acuerdo firmado en La Habana, culpándolo del regreso a la guerra del grupo alzado, pero sin atacar en nada ni para nada a los guerrilleros, prácticamente calificándolos de inocentes palomitas a quien halcones y gavilanes quieren engullir.

En suma, la guerra que se veía venir llegó. Las Farc de Márquez tendrán que demostrar que combatirán en territorio colombiano, y que no seguirán usando como aliviadero territorio venezolano. Maduro igualmente debe demostrar que, si bien apoya ideológicamente la utopía de Márquez de lograr con las armas una Colombia roja, como él quiere lo sea Venezuela, ese apoyo no se traduzca en hacerse el indiferente, el que no sabe nada de nada, dejando hacer lo que las Farc de Márquez aquí venían haciendo.

Demostrar, de una vez por todas, que quiere la paz, tiene que ser un compromiso asumido públicamente. La historia no le perdonaría, a Maduro, que su silencio al respecto se convierta en caldo de cultivo para que los venezolanos nos veamos incursos en un enfrentamiento en el cual no tenemos arte ni parte.

@MorelRodríguezA

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