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La esperanza es lo último que se pierde, por Morel Rodríguez Avila

 

La crisis a diario se agiganta. El daño que nos ocasiona, es inconmensurable. Ya el país, sin rumbo alguno, da lástima en el concierto internacional, después de haber sido una de las naciones de mayor desarrollo e industrialización disparada hacia un beneficioso futuro.

Con una economía destrozada, porque se reprimió a la empresa privada, porque persiguió a la libre empresa, se le cerraron las puertas a la inversión foránea y se le abrió solo a la de los camaradas rusos, chinos, iraníes y turcos, Venezuela,  hoy en día debiéndole a todo el mundo, vive la peor crisis de toda su historia.

No nos cansamos de repetir, hasta la saciedad incluso, que la situación país de hoy en día la generó un desgobierno tan falto de sensibilidad social como de experiencia, que creyó que con paños calientes, léase cajas CLAP o bonos, el pueblo vería satisfecha sus prioridades.

Como no fue así, el Gobierno entonces inició su gran cruzada invirtiendo mil millonarias sumas de dólares, en este caso, para publicitar la pretendida existencia de una guerra económica, como respuesta a su incapacidad manifiesta.

En ese nivel, Maduro quiere hacer creer que el imperialismo es el verdadero culpable y que por las sanciones que Washington le ha impuesto a él, a sus ministros y allegados, en el país hay desabastecimiento de alimentos y medicinas, de productos y, sobre todo, afirmando que en este caso los EE.UU quieren robarle a Venezuela las innumerables riquezas que el Todopoderoso nos regaló.

Un argumento tan pobre como débil, que marca la inconsistencia del análisis que Maduro y los suyos mantienen sobre las causas reales de lo que al país le ocurrió.

Pero, en la práctica, ¿quién no sabe cuál la verdad verdadera?

Maduro, su partido, su revolución han dado muestras, hasta el cansancio, que de gobernar nada sabían ni menos aprendido. Perdieron entre ayer y hoy un tiempo valiosísimo para que, como organización política y credo ideológico pudieran demostrar que servirían para cambiar, reformar y conducir de manera positiva al país hacia su verdadera transformación en nación potencia.

Lo lograron, sí, pero retrocediéndola, paralizándola, sumiéndola en el estado comatoso en que se encuentra, todo por querer imponer el comunismo como doctrina, como filosofía, como sistema de gobierno, cuyas terribles consecuencias son las que estamos sufriendo actualmente.

Si Maduro escuchara, no a sus asesores que siempre le manifiestan cosas bonitas y nunca le dicen nada de las feas, terminaría aceptando que fracasó.

Posiblemente un examen de conciencia lo volvería al camino que transitan los presidentes que sí saben para qué son presidentes y qué es lo que tienen que hacer como presidentes.

Recordemos, para que la alegría reemplace a la tristeza, que la esperanza es lo último que se pierde.

@MorelRodríguezA

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