Home / Opinion / Sin gasolina, gas, luz y agua potable, el país va corriendo hacia el abismo, por Morel Rodríguez Ávila

Sin gasolina, gas, luz y agua potable, el país va corriendo hacia el abismo, por Morel Rodríguez Ávila

El gobierno no da pie con bola, está comprobado. Afirmar lo contrario es ser complaciente y, en medio de la situación tan crítica y deplorable que vive Venezuela, resultaría si se quiere hasta ridículo. No puede admitirse lo que al país le ocurre. Insólito, diría un inglés o un maracucho con su ¡Qué molleja! definiría el doloroso calvario que más de 32 millones de ciudadanos padecemos. Incluimos a los que se fueron porque decidieron no seguir padeciendo aquí, prefiriendo padecer allá, pero con dólares que, si bien saben administrarlos por lo menos tendrán alguna que otra satisfacción.

Lo cierto es que en el gobierno de Chávez, largo y francamente improductivo, si se atiene responsablemente a los variados informes de los economistas más expertos, no sólo latinoamericanos sino europeos, tan igual que el primero de Maduro, Venezuela fue fracturada en todo sentido. La revolución que preconizaron sería la mejor del mundo, donde la igualdad sería tan concreta que no habría otra nación que en ello tan siquiera nos igualara, visto está que fracasó rotundamente.

La claque gobernante se apoderó de todo y sólo para ellos fueron los beneficios; a los gobernados apenas minucias convertidas en bonos y en programas sociales tan politizados que no pasaron de ser más que instrumentos para la más aberrante politización de ingenuos, atraídos por la paga demagógica que, en medio de la desesperación reinante, se hizo imprescindible.

Cómo es posible que Venezuela, nación a la que se le enviadla no sólo por sus cuantiosas riquezas, sino por la democracia más abierta del continente, y el empuje que desde el gobierno se le daba al progreso y al desarrollo tanto económico como social, además del respeto que se tenía hacia pueblos y gobiernos del planeta, y donde la defensa a ultranza de los derechos humanos era concreta, durante los años que de vigencia tiene la revolución comunista que dejó Chávez y Maduro heredó, se ha convertido en lo que hoy en día es: un país a la deriva, enfrentado a tres cuartas partes de los pueblos de la tierra.

Antes, la democracia reinaba, porque el pueblo era libre y, exigiéndose el cumplimiento de las leyes, los venezolanos podían emprender su mejoramiento; los credos religiosos e ideológicos se desenvolvían sin tanto obstáculo y su liderazgo ejercía el papel correspondiente, lo cual no ha ocurrido en tiempos de revolución. Por el contrario, se violentaron las leyes de la república, desde la carta magna hasta cualquier simple reglamento; se impuso el cacicazgo, el caudillaje, el uniforme, la rodilla en tierra, la alabanza permanente, el culto a la personalidad. En fin, al país le quebraron el espinazo todos aquellos que llegaron para revolucionarlo todo, decían, y a cambio lo que hicieron fue involucionarlo todo.

Un país como el de estos años, que en vez de echar hacia adelante porque la acción de gobierno, que debía haber sido altamente positiva, hoy en día se ubica entre las naciones más pobres de la tierra; donde impera la corrupción a todo nivel, la injusticia, la impunidad, el crimen cobra víctimas a diario en cualquier rincón, oscuro o no, Un país adolorido de tanta rabia que, cuando logre salir, nadie sabe qué efecto y dimensión tendrá; sin servicios públicos, valga decir con cortes prolongados de energía eléctrica, por total ausencia de mantenimiento y no por sabotaje cibernético; sin agua potable; sin gas licuado, sin gasolina.

Venezuela está por paralizarse en su totalidad. Miles y miles de usuarios sin poder llenar los tanques de sus autos, de sus camiones, de sus motocicletas, de sus gandolas. Centenares de miles de toneladas de alimentos perdurables dañándose en gigantescas colas, y en las fincas y haciendas el ganado para ser beneficiado o los derivados lácteos sumando otros miles sin poder ser transportadas a los centros de distribución. ¿Qué nación así puede progresar? ¿Qué clase de gobierno permite que esta situación haya llegado a extremos tan altamente peligrosos en todo sentido? Hay que ser muy testarudo para no entender que sin gasolina, luz, gas y agua potable no se va hacia ninguna parte, salvo al abismo.

@MorelRodríguezA

Check Also

La encrucijada venezolana, editorial de El Espectador

La crítica situación en Venezuela continúa bajo la lógica según la cual pasa de todo …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *