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Un pueblo recuerda la «masacre secreta» del Día D en el oeste de Francia

Una vista general muestra restos de la antigua iglesia en el memorial de Graignes, en Francia. 15 de mayo de 2019. REUTERS/Christian Hartmann.

GRAIGNES, Francia, (Reuters) – Un paracaidista estadounidense perdido llamó empapado a la puerta de la granja de la familia Rigault en Normandía la madrugada del 6 de junio de 1944, varios kilómetros al sur de la zona donde estaba previsto que cayera.

Después de cuatro años bajo ocupación alemana, Marthe Rigault, de 12 años, que se había despertado por el estruendo de los aviones, observó cómo sus padres hacían entrar en calor al soldado extranjero con una taza de café.

Al amanecer, decenas de hombres del 507º Regimiento de Infantería de Paracaidistas se habían refugiado en la granja de Rigault, en las afueras del pueblo de Graignes. Mientras lo hacían, el lejano rugido de la artillería pesada se propagaba a medida que las fuerzas aliadas invadían Europa desde las playas de Normandía para expulsar a los nazis de Francia.

«Dijeron: ‘No tengas miedo, somos tus amigos, los Tommies'», recordó Rigault, que ahora tiene 86 años. «Pensamos que habíamos sido liberados. Estábamos encantados. No lo sabíamos esa mañana, pero pasaría un mes antes de que Graignes fuera liberado».

Unos 170 paracaidistas habían participado en uno de los peores errores de descenso de todas las unidades aerotransportadas del Día D. Separados de sus camaradas en territorio ocupado por los alemanes, los soldados se atrincheraron.

Los habitantes de Graignes se apresuraron a socorrerles, dándoles comida, transmitiendo información de inteligencia y recuperando su equipo de las marismas. La aldea pagaría un alto precio por esta ayuda, que conduciría a lo que ahora se denomina la «masacre secreta» del Día D.

«Durante dos o tres días, mi padre, mi hermana y yo, y otros también, remamos con los soldados para recuperar sus municiones y paracaídas de los pantanos», dijo Rigault.

Los estadounidenses convirtieron la escuela de los niños de la aldea en un centro de mando, minaron las carreteras de acceso y convirtieron el campanario de la iglesia de Graignes, un templo del siglo XII, en un puesto de observación.

Hoy sólo está en pie el campanario de la iglesia, un monumento en memoria de los soldados y civiles estadounidenses que murieron en la batalla por Graignes. Los alemanes lanzaron su asalto el 11 de junio, cuando Marthe Rigault y su hermana mayor, Odette, asistían a misa.

«Una mujer entró corriendo y nos dijo que nos escondiéramos porque los alemanes estaban cerca», dijo Rigault. El pánico se apoderó del lugar mientras se oían los disparos del exterior.

VENGANZA

El pueblo invitó a soldados estadounidenses y alemanes a asistir a una cena para conmemorar el 75º aniversario de los desembarcos de Normandía y la batalla por Graignes. El presidente Donald Trump asistirá a una ceremonia en un cementerio de soldados estadounidenses para honrar a las fuerzas de su país que participaron en los desembarcos del Día D.

En Graignes, los paracaidistas estadounidenses se vieron superados en número y armamento.

Durante nueve horas, Rigault se acurrucó con su hermana en las paredes de piedra de la iglesia mientras se llevaban a los heridos. Al caer el sol y desmoronarse sus defensas, los soldados estadounidenses se vieron obligados a retirarse de Graignes.

Los alemanes fueron brutales en sus represalias contra la aldea, recordó Rigault.

El cura del pueblo, el padre Albert Leblastier, y un sacerdote franciscano fueron asesinados a tiros y sus cuerpos quemados. Las granjas fueron incendiadas. Los paracaidistas mutilados que se quedaron atrás fueron divididos en dos grupos: a algunos los ejecutaron y a otros los «arrojaron a las marismas y los mataron con bayonetas», recordó Rigault.

«No se nos permitió sacarlos durante varios días», comentó.

Durante cuatro décadas, Rigault no tuvo noticias de las tropas estadounidenses a las que había ayudado, aunque la noticia de la valentía de los aldeanos llegó a Washington.

Rigault atesora un certificado firmado por Dwight Eisenhower, en su calidad de comandante general de Estados Unidos en Europa, en nombre del presidente de Estados Unidos, que expresa su agradecimiento a su padre, Gustave, por ayudar a los paracaidistas.

Posteriormente, en 1984, un pequeño número de soldados estadounidenses cuyas vidas habían sido salvadas por los aldeanos regresaron a Graignes.

«Fue difícil para ellos regresar porque sentían que de alguna manera habían abandonado a los aldeanos, dejándolos para enfrentarse a la venganza de los alemanes», dijo Denis Small, alcalde de Graignes durante los últimos 22 años. «Pero el pueblo los recibió como los liberadores que eran.»

Graignes fue liberado de los alemanes el 12 de julio de 1944.

Notiespartano/Reuters

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