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Hiperinflación, igual pobreza, por Morel Rodríguez Ávila

Quien lo niegue, está cegado por absoluto y total desconocimiento, porque todavía sigue creyendo que la luna es de queso y que el gobierno lo está haciendo bien. Nadie, en su sano juicio, puede afirmar que el país marcha, saludable en todo, hacia la felicidad; que el actual es el mejor gobierno de los tantos que ha tenido nuestra historia republicana y que el comunismo que la revolución pretende implantar es la solución perfecta y única. Gran equivocación, de paso terrible, que ha llevado a la nación y a su gente a sufrir la crisis más grave desde que sellamos nuestra Independencia en la sabana heroica de Carabobo.

Hay que repetirlo, hasta que el liderazgo oficialista termine de entenderlo y aceptarlo: estamos mal. Muy mal. Ya la gente no aguanta el tremendo peso que le significa pasar hambre, porque no hay alimentos y si se encuentran su costo es exageradamente alto. Igual el de los medicamentos y el de los insumos. Los servicios básicos ya no son ni lo uno ni lo otro, porque sencillamente no existen.

Reina la especulación por doquier, tanto como la corrupción a cualquier nivel, tenga o no uniforme. El ciudadano sigue inerme ante el ataque de tanta delincuencia, mientras el gobierno invierte o despilfarra, ya resulta lo mismo, en adquirir en Rusia toda clase de armamento, para combatir a la oposición y al imperialismo gringo, pero ni una pistolita para enfrentar a los criminales que pululan en las calles.

Lamentamos lo que sucede y el tener que señalarlo de continuo, con la esperanza de que algún día el gobierno fije su mirada en lo que al pueblo le sucede, para que deje de preocuparse, sólo, de cómo aferrarse al poder y de cómo derrotar o desaparecer a los opositores, cuestión que luce imposible porque, ¿cómo podrá desaparecer a millones?

Citemos un solo caso: el de la hiperinflación, consecuencia, fruto o resultado de la pésima conducción que, primero el desaparecido presidente Chávez y ahora su sustituto el presidente Maduro, le dieron a la economía venezolana. Improvisación, desorden, inexperiencia, confrontación, resentimiento y hasta odio hacia la propiedad privada; la expropiación irresponsable de centros de producción, fábricas, haciendas, complejos en fin, antes productivos y ahora cementerios, dejan bien marcado que el manejo empleado fue uno de verdad dañino.

La hiperinflación que tiene Venezuela hoy en día es la más alta del mundo, y sigue en ascenso. El gobierno, que no da pie con bola, continúa imprimiendo papel moneda por una parte y aumentando el salario por la otra sin tomar en cuenta que, cada vez que lo hace, la especulación abre sus fauces y se traga dicho aumento cuando, en la compra dos o tres productos, se le va al usuario el salario completo. El último aumento, que deja en 65 mil bolívares el salario mínimo, incluyendo los llamados caustiques, por ahora alcanza para adquirir un cartón de huevos y una paca de harina de maíz o trigoquincenal.

Explicar aquí las interioridades, todas supremamente complejas, de lo que a nuestra economía le ocurre y el porqué de la hiperinflación desatada a extremos ya indetenibles, nos llevaría mucho espacio.

Digamos, a manera de resumen, que su existencia tiene origen, apellido y nombre definidos. No se debe a la guerra económica que el gobierno dice conduce la oposición venezolana con ayuda de Gringolandia, está probado, sino al mal manejo que desde Miraflores se le imprime a la economía, en el afán ideológico de querer todo para el Estado, sin importar que el Estado no sepa qué hacer con tanto poder, pues el objetivo no es otro que derrotar la empresa privada.

Que la hiperinflación genere hambre en el pueblo, para el gobierno es lo de menos. El objetivo supremo es la eternización en el poder, la victoria del comunismo sobre el capitalismo.

@MorelRodríguezA

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