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Alan García, por José Angel Borrego

Recordamos su primera elección que celebramos con dos amigos peruanos. para el momento fichas de una empresa venezolana. Alan García era un economista de 35 años, muy joven, carismático y repleto de entusiasmo por cambiar el mundo en su país. Un muchacho grandote, nos comentó en su momento (1985) Carlos Andrés Pérez a quien Alan le caía bien en extremo. Alan llegó al sillón presidencial rodeado de amigos que en apariencia, quizás también por excesiva juventud nublaron sus miradas ante una realidad muy difícil de trastocar impunemente. Y Alan, véase como se vea, fracasó en ese primer intento así como también trastabilló en su segunda elección. Leí en esa fallida nueva ocasión un artículo que lamentamos no haber recopilado (no somos hemerotequistas en absoluto) donde un analista preveía el nuevo fracaso de García y refería que el limeño mantenía como premisas económicas las mismas utilizadas en su anterior mandato lo que equivaldría, según el consultor, a desencarrilar de nuevo el tren gubernamental. Y eso aconteció. La filosofía economicista de Alan era romántica y endeble. Y como persona apostaba duro a la lealtad. Tal vez por ello Alan García sucumbió a la tentación que le habría presentado Odebretch aunque con el tiempo se conocerá que en esa transacción que lo incrimina el beneficio fue tan exiguo que resulta incomprensible que un presidente haya convenido en pactar la trama. Es posible que intentara favorecer a un amigo y prefirió descerrajarse un tiro antes que exigir una aclaratoria que tal vez el verdadero responsable del affaire jamás concedería. En todo caso que sirva este trágico desenlace para evitar que todo lo que diga Odebretch se considere Santa Palabra. La justicia se suaviza para con el corruptor si aporta información que comprometa en particular a figuras emblemáticas. Y Odebretch apuesta a rebajar sus penalidades

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