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La necesaria definición, por Morel Rodríguez Ávila

No pierde oportunidad alguna el presidente, en sus obligadas cadenas, que pesan como tales, para hacer que el pueblo crea cierta y buena su ideología, llamándolo a militar en un proceso que, a la fecha, no ha generado ni la felicidad prometida para todos ni menos la igualdad preconizada como fin último de un socialismo siglo veintiuno, con el cual sus mentores disfrazan el más jurásico de los comunismos. Bueno, aclaremos de paso que todo el liderazgo rojo nunca acepta en público ser comunista, aunque se llamen camaradas, sencillamente porque tienen miedo al rechazo colectivo, prefiriendo hablar de socialismo. Ellos saben que los venezolanos, raizalmente demócratas, no sienten mucho entusiasmo por esta doctrina, advertidos por la historia de lo que el comunismo en la práctica ha significado en los pueblos donde, a sangre y fuego, se ha impuesto como sistema político dominante. Fidel Castro tardó años en declararse comunista, temiendo precisamente ese rechazo. Lo hizo después de derrotar a los invasores de Playa Girón entregándose en cuerpo y alma a los rusos, hasta que Nikita Jrushchow  prefirió, afortunadamente, regresar sus cohetes a Moscú, tras la amenazante decisión de J.F.Kennedy de apretar desde Washington el famoso botón rojo. El romance quedó roto y el pueblo cubano empezó entonces a pasar las de Caín. De allí al derrumbe del muro, todo el mundo conoce los intríngulis.

Este preámbulo, considerado necesario, retrata de modo muy sencillo una verdad incontrovertible que se vive hoy en día en Venezuela. Con el cuento de imponer al comunismo como sistema de gobierno y no la democracia, Chávez marcó el camino hacia ese objetivo, obedeciendo por supuesto lineamientos muy precisos de cómo hacerlo que le dictaba Castro, a quien veneró como a un padre, y luego continuó Maduro en su papel de nieto y heredero. Pero ese camino, hay que recordarlo, no fue el mejor ni el más afortunado. Tortuoso en todo sentido, condujo al país a la terrible situación de crisis que en estos años últimos ha infringido un daño terrible a los venezolanos, considerado el más grave que haya vivido la nación en lo que lleva de historia republicana.

En ese empeño, la revolución que lidera Maduro, que pretende sustituir a la de Chávez, según lo aprecian intelectuales de valía que han emigrado del chavismo y son ahora líderes de movimientos que rechazan al oficialismo gobernante, ha invertido ingentes sumas de dinero proveniente del tesoro público en  desarrollar programas, que el gobierno califica de sociales que si de verdad los hubiesen planificado como tales, no serían lo que en realidad hoy son, simples trampas para cazar incautos, a través de los llamados bonos y las bolsas clap, por citar tan sólo dos ejemplos.

Muy propio del comunismo estas publicitadas acciones, lo que en el fondo buscan es calmar a la población que ya está comprobando, y muy dolorosamente, que el tránsito de la democracia al comunismo es doloroso, terrible e insoportable. De allí que muchos, que antes eran suyos, y como dijo alguien por ahí, de  nuevo están viendo la  luz, no la eléctrica que la desidia e ineficacia del comunismo hecho gobierno se la corta a cada rato a los venezolanos, están pidiéndoles a los capitostes rojos terminen definiéndose como lo que en realidad son, comunistas y dejen de disfrazarse de inocentes corderos socialistas. Eso sí, algunos sin saber a ciencia cierta qué significa serlo porque ni siquiera han pasado de leer las primeras veinte páginas de El Capital.

@MorelRodríguezA

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