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El diálogo de Jaua, por José Angel Borrego

Aguas tormentosas sacuden cimientos en el oficialismo. Diosdado y su corte saben que un final se aproxima. Se percibe una corriente en el país que incluye como mínimo a 35 % del chavismo duro. Hay solo dos tendencias que emocionan al ciudadano. La Transición y La Paz. Ambas registran 90 % de la opinión pública. La transición se negocia desde hace buen tiempo tras bastidores y ella podría contener la paz. La renuencia aparente de Maduro es su arma para gestionar mejores condiciones en especial su hora cero. Se habla de 90 a 180 días a partir del 1° de mayo. Trump la amplió hasta diciembre. El 90 % que apuesta a la transición cree que ambas estimaciones son excesivas. La crisis se agudiza y junta a ella los parámetros se constriñen. La opción de paz es clamorosa. El 10 % que la rechaza es Talibán. No hay otra explicación. O tal vez suicida. Elías Jaua sabe que esa ola del 90 % es la mejor opción política para posicionar una propensión instintiva dentro del electorado, primero intestino y luego externo. Solo hay que saber cómo implementarlo. No es sencillo, al contrario, es complejo porque precisamente se trata de una reacción humana que excede al maridaje político. Liderar esta predisposición anímica exige una carga comunicacional administrada con precisión. El discurso debe dosificarse. Cualquier sobrecarga echa al traste todo propósito. ¿Lo ha planificado Jaua con este rigor científico? El país desea paz, muy cierto, pero no a cualquier costo. El país paga un precio muy alto por subsistir. La zozobra por la paz no debe confundirse con angustia altruista. No se mendiga el derecho humano. Cabalgar sobre la cresta de esta ola requiere de un surfista experto capaz de prevalerse del riesgo implícito en ese maremagno hídrico para traducirlo a su favor. En breve síntesis: hay que marcar diferencias, distancias y actitudes.

MINIBLOG/JoséAngelBorrego

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