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La urgente necesidad de saber qué ocurrirá, por Morel Rodríguez Ávila

La crisis que acogota al país está llegando al tope. Superó su más alto nivel. De allí hacia arriba ya no habrá nada qué hacer. Salvo echarse a llorar si acaso vale la pena. Así lo piensan algunos de los tantos amigos que conmigo conversan cuando, sin alharaca alguna, recorro pueblo en pueblo y casa por casa, tal cual lo vengo haciendo desde hace muchos años por mi tierra insular. Es que la situación-país dejó de ser terrible para convertirse en monstruosa. En cualquier sentido porque, mire usted, amigo lector, si es en lo político la confusión, la torpeza, la debilidad de parte y parte así lo muestra. Imposible que, a estas alturas de vigencia de una revolución que llegó prometiendo mejorarlo todo e hizo lo contrario, ni el liderazgo democrático ni el oficialista hayan podido entenderse en lo más mínimo siquiera y, por el contrario, los rojos se ocupan sólo de acrecentar poder, dejando que campea la corrupción, la ineficacia, la desidia, empobreciendo la nación y día a día asumiendo la conducta totalitaria, dejando de lado la verdaderamente democrática. Mientras, la oposición cada vez evidencia des organización en lo que planifica y debilidad en lo que ofrece. En el medio, millones de venezolanos, chavistas ya muy poco, democráticos cada vez comprobada mayoría, del timbo al tambo, si se quiere, porque no saben qué hacer frente a lo que sucede.

La Venezuela de estos tiempos, duros, difíciles, peligrosos dejan en todo el mundo las más disimiles opiniones. Gobernantes y líderes sociales apuntan a que debe ser, por la vía pacífica y constitucional, la manera en que los venezolanos resuelvan cuanto antes sus problemática. Unos, de buena fe, quieren ayudar y otros, interesados en sus riquezas, que no sólo los estadounidenses sino también los rusos, turcos, chinos, norcoreanos, norvietnamitas quieren pantagruélicamente participar en el banquete, fijan su mirada sobre la tierra de Bolívar. Somos, a veces, el hazmerreír mundial y, otras, lastimosamente, el vivo retrato de un pueblo que, por confiar en mesías, uniformados o no, ahora está, atados de manos y sobre la tabla, esperando que, espada en mano, se le lance al océano infestado de tiburones. Véase por donde se vea, lo que al país le ocurre sí tiene culpables, por más que éstos se empeñen en esconder sus inocultables errores  cargándole todo lo malo al imperio y a los que llama traidores a la patria, acusando de injerencia y de querer invadir nuestro país. Olvidando, claro está. Que si de injerencia se trata, desde hace ya más de veinte años en Venezuela quien mandan son os cubanos, incrustados en todos los intersticios de la administración pública.

No resulta difícil calificar de grave lo que nos sucede, Gravedad a la que hemos llegado producto del mal manejo que el gobierno comunista le ha dado a la república, a extremos que Venezuela, además de ser ya un pobre país pobre, sea al mismo tiempo un escenario en donde, Dios no lo permita, en cualquier momento la implosión sea posible. De allí que clamemos por el entendimiento, por el cese de tanta injuria, acusación irresponsable, falsos argumentos; para que nos dispongamos, cada quien en el lugar donde actúa en la sociedad civil, a presionar para que el gobierno, de una vez por todas, llame a un diálogo fecundo, transparente, realista, positivo y la oposición acepte en igualdad de condiciones. De otro modo nos espera la hecatombe. Por eso cada vez es más urgente la necesidad de saber qué ocurrirá finalmente.
@MorelRodríguezA

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