Home / Opinion / Claudio, por Ángel Ciro Guerrero

Claudio, por Ángel Ciro Guerrero

 

 

 

Igualmente criticado porque admite, con sinceridad de hombre valiente y de político altamente responsable, que es opuesto a los mesías que ofertan de todo cada cierto tiempo y nunca cumplen porque lo ofrecido resulta siempre engaño.

Inteligente, sin duda.

Honesto a carta cabal y demostrable.

Sin miedos, porque ni la debe ni la teme es un verdadero líder formado por igual en la calle, entre los suyos, el pueblo, la universidad y la academia.

Diferenciado totalmente de la mayoría integrante del mediático liderazgo, su mensaje es siempre de altura.

Su atinada palabra, a la hora de las verdades, duela o no, construyen aseveraciones frontales, sí, pero muy bien expresadas y ciertas, planteadas, con ejemplar respeto.

Larga ya su trayectoria, desde que muy muchacho se inscribió en Acción Democrática.

En el partido del pueblo, que nació para hacer historia, con trabajo diario, de hormiguita, positivo en cada instancia, fue ascendiendo, desde abajo, ganándose todas las medallas, hasta llegar a ser candidato a la presidencia de la república, frente a Rafael Caldera, que le superó apenas por doscientos mil votos.

Un alcalde con visión de futuro dotó a Caracas del mejor servicio de transporte público, por citar uno de sus múltiples logros, y se le tiene todavía en las numerosas barriadas, las de Antímano, por ejemplo, como el constructor de los caminos de cemento, las escaleras, y el funcionario público que mejor ha defendido a los vecinos.

Se le aprecia y quiere en esos sitios en donde palpita, y con mucha fuerza, el corazón de los realmente pobres.

Igual sucede en aldeas y pueblos provincia adentro.

No hay lugar del amplio mapa venezolano en donde no se le estime, con legión de amigos por delante.

Y eso produce, hay que decirlo, abierta envidia.

Defensor, entre los escasos, del voto como único instrumento para alcanzar, dentro de la legalidad y la constitución, el cambio político, de gobierno especialmente, tan anhelado por millones, su postura, firmemente democrática, no fue entendida por quienes, desde los partidos, creyeron que no sufragando el comunismo gobernante se debilitaría y desaparecería.

Un error tan gigantesco y dañino cuyas consecuencias terminaron atrincherando otra vez a Maduro en Miraflores.

Igualmente criticado porque admite, con sinceridad de hombre valiente y de político altamente responsable, que es opuesto a los mesías que ofertan de todo cada cierto tiempo y nunca cumplen porque lo ofrecido resulta siempre engaño.

Va, como Quijote de estos tiempos, por los campos en donde sólo se siembra demagogia, luchando ya no contra molinos de viento, sino contra los totalitarismos y quienes los promulgan y defienden, ya sean rojos o de cualquier color del arcoíris político venezolano

La suya es una guerra que, aunque no quiera creerse, sí le ha ganado enorme simpatía y adherentes, que son los responsables, los que quieren paz, no la de los sepulcros, sino la que de verdad facilita concretar sueños en realidades.

En el programa a la una, ante el moderador y millones de globovidentes, este venezolano que se precia de no tener enemigos, porque a los que dicen serlo por igual les considera amigos, acaba de puntualizar verdades.

Que al parecer le están doliendo a muchos que, sabiendo cierto lo que Claudio Fermín ha dicho, quieren colocarlo frente al pelotón de fusilamiento, disparándole las balas de la impaciencia, de la crítica malsana, cuando lo correcto es comenzar a analizar, una por una, las aseveraciones de este líder que razona.

ÁngelCiroGuerrero/[email protected]com

Check Also

La necesaria definición, por Morel Rodríguez Ávila

No pierde oportunidad alguna el presidente, en sus obligadas cadenas, que pesan como tales, para …

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *