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Machurucuto: Cuando los cubanos quisieron invadir militarmente a Venezuela

La lancha llegó puntual a la playa, al abrigo de la esperada oscuridad de las 2 de la mañana, dejando en tierra a ocho hombres cargados con mochilas y fusiles AK47 de fabricación norcoreana.

La operación parecía marchar de acuerdo con lo previsto al tocar tierra en las costas de Venezuela tras haber zarpado seis días antes, el 2 de mayo de 1967, de Santiago de Cuba adonde había acudido el mismísimo Fidel Castro a despedir a los guerrilleros que querían tomar el cielo por asalto en el entonces rico país petrolero.

 

«Fidel pasó toda la noche anterior con nosotros, dando las últimas instrucciones, chequeando todos los materiales, trasmitiéndonos algunas de sus experiencias en la lucha guerrillera en Cuba. Estuvo supervisando hasta el último minuto y nos acompañó hasta el barco a las 6 de la mañana, que fue cuando zarpamos», comenta el octogenario Héctor Pérez Marcano, uno de los protagonistas de aquel desembarco, a BBC Mundo.

La expedición tenía como objetivo reforzar un frente guerrillero que operaba en el Cerro «El Bachiller», ubicado en una zona montañosa unos 160 kilómetros al este de la capital venezolana, pero terminaría por causar una de las peores crisis en las relaciones entre Caracas y La Habana.

Aquella madrugada, Pérez Marcano y sus compañeros -tres venezolanos como él y cuatro cubanos- no podían intuir cómo se torcería aquella operación para la que se habían preparado durante más de un año, mientras vivían en una casa en Pinar del Río, desde donde salían a practicar no solo las destrezas necesarias para cualquier guerrillero que quiera adentrarse en las montañas, sino las maniobras requeridas para ese desembarco.

«Teníamos gran confianza en el éxito de la operación. Habíamos sido bien entrenados y habíamos ensayado varias veces, porque había que practicar en playas con aguas movidas, en playas de arrecife. Incluso una vez habíamos repetido el desembarco del Granma. Y todo había salido siempre bien», comenta.

De la Tricontinental a Machurucuto

Pérez Marcano era miembro del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), un partido formado en Venezuela a partir de una escisión del socialdemócrata y entonces gobernante Acción Democrática (AD), inspirado por la revolución cubana.

Había llegado a la isla en 1964, poco después de la aparición de los primeros grupos insurgentes en su país, con el objetivo de formarse en la lucha armada, tal como lo hacían otros 14 militantes del MIR.

En enero de 1966, cuando se realizaba en La Habana la primera conferencia Tricontinental, que reunió a movimientos revolucionarios de Asia, África y América Latina, acudió a pedir apoyo al gobierno cubano.

«Moisés Moleiro, Eduardo Ortiz Bucaram, Américo Silva y yo tuvimos una entrevista con Fidel Castro en el piso 25 del hotel Habana Libre. Le dijimos que queríamos más ayuda y le planteamos que estos 15 hombres tenían que regresar a Venezuela. En ese momento se usaba una ruta que terminaba en Colombia, desde donde se entraba a Venezuela por vías clandestinas».

«Pero Fidel nos dijo que él tenía una idea mejor: que en vez de hacer este recorrido que era hasta peligroso porque podíamos caer en manos de los órganos de seguridad del Estado, era mejor hacer una invasión, un desembarco directo«, rememora.

Según Pérez Marcano, Castro agregó al grupo a cuatro cubanos experimentados en la lucha guerrillera. Entre ellos estaban los comandantes Raúl Menéndez Tomassevich y Ulises Rosales del Toro, quienes años más tarde ascendieron hasta el rango de general y fueron condecorados como «héroes de Cuba».

Así se formó el grupo de ocho guerrilleros que originalmente estaba previsto que aquel 8 de mayo de 1967 desembarcara en Venezuela.

La operación debía ser discreta, por lo que utilizaron un barco camuflado como un pesquero pero que, «en realidad, estaba artillado, era un barco de guerra», para navegar hasta aguas territoriales venezolanas.

Después se acercaron a la costa en dos botes, uno de apoyo, con unos 12 hombres a bordo, y el otro en el que iban los guerrilleros.

Las dos lanchas estaban atadas por un cable, pues la idea era que tras dejar a los pasajeros en tierra, la nave de apoyo debía arrastrar en silencio al bote usado en el desembarco.

Mientras los ocho guerrilleros se alejaban de la costa en dirección a la montaña, en el mar, el cable que unía ambos botes se enredó en un arrecife y terminó rompiéndose.

 

Y fue aquí cuando la operación torció su rumbo.

«Antonio Briones Montoto, que era el comandante de la lancha de los que íbamos a llegar a tierra, decidió que la otra lancha regresara al barco pues ellos -los 4 hombres de la tripulación- decidieron que iban a desembarcar junto a nosotros para incorporarse también a la guerrilla, cosa que contravenía las instrucciones que habíamos recibido», señala Pérez Marcano.

La decisión no habría sido tan grave si no fuera porque antes de llegar a la orilla la lancha se volteó en un mar agitado, lanzando a los cuatro hombres al mar. Según los informes oficiales, uno de ellos murió ahogado.

Otros dos, al llegar a tierra, lograron juntarse en el Cocal de los Muertos, el lugar original del desembarco.

Briones Montoto, por su parte, se quedó solo.

Mientras tanto, el oleaje arrastró la lancha hacia el pueblo de Machurucuto, donde su presencia así como la de los barbudos desconocidos llevaron a los vecinos a dar la alerta a las autoridades poco tiempo después.

Así fue también como el original desembarco en el Cocal de los Muertos terminó bautizado para la historia como el «desembarco de Machurucuto».

100 días de calamidades

Mientras Pérez Marcano y su grupo iniciaban su ascenso hacia el Cerro «El Bachiller», el ejército venezolano se movilizó hacia la costa.

«Muerto militar cubano y capturados otros dos al intentar desembarcar en playas de Barlovento», anunciaba el principal titular del diario El Nacional del sábado 13 de mayo de 1967.

El muerto era Briones Montoto. La versión oficial sostiene que fue detenido y que le dispararon cuando intentó escapar. William Izarra, un teniente coronel retirado de la Aviación Militar venezolana y dirigente del chavismo, quien en la época era un subteniente asignado a la zona, afirma haber oído versiones de que se había ordenado su ejecución.

Pérez Marcano señala que uno de los militares cubanos capturados por el ejército reveló todos los detalles de la operación, así como la identidad de los participantes. Esto puso al grupo en una situación de gran vulnerabilidad porque los detenidos tenían copias del mapa de la ruta que iban a seguir los guerrilleros por la montaña.

Para agravar las cosas aún más, el comandante del frente guerrillero de El Bachiller había trasladado su campamento a un parque nacional despoblado, intentando huir de un cerco de las fuerzas armadas.

«Nosotros desembarcamos el 8 de mayo de 1967 y vinimos a hacer contacto con la guerrilla en agosto, 100 días en los cuales pasamos por supuesto por muchas calamidades. Estuvimos acosados constantemente por el cuerpo de cazadores y éramos ametrallados desde los helicópteros, porque sabían exactamente la ruta por la que estábamos pasando», relata.

Los guerrilleros habían traído de Cuba una buena suma de dinero: unos US$10.000 y unos 10.000 bolívares cada uno.

Según Pérez Marcano, los dólares eran para financiar al MIR, mientras que el dinero venezolano era para pagar sus propios gastos.

Esos fondos, sin embargo, fueron casi inútiles durante esos primeros 100 días pues transitaban por zonas que habían sido despobladas.

«El ejército había sacado a los campesinos de la zona, cumpliendo una norma de entrenamiento antiguerrillero llamada ‘sacar al pez del agua’. Mao Tse-tung señalaba que el guerrillero debía moverse entre el pueblo como pez en el agua. El agua, por supuesto, eran los campesinos que podían servir de apoyo en un momento determinado, dar información sobre los movimientos del ejército o proveer alimentos», recuerda.

Aunque finalmente lograron unirse al frente guerrillero de El Bachiller, los hombres que desembarcaron en el Cocal de los Muertos no duraron mucho tiempo alzados en armas.

Pasado el primer año en Venezuela, los comandantes cubanos solicitaron retornar a la isla persuadidos -según Pérez Marcano- de que el triunfo de la insurgencia armada en Venezuela no estaba tan cerca como habían creído.

Convencidos de que la insurgencia estaba condenada al fracaso, Pérez Marcano y la dirigencia del MIR decidieron acogerse a una exitosa amnistía ofrecida en 1969 por el presidente venezolano Rafael Caldera que les permitía reincorporarse a la vida civil y, si querían, a la lucha política democrática sin pagar ningún tipo de pena.

La segunda oportunidad de Fidel

El desembarco de Machurucuto tuvo en su momento fuertes repercusiones en las relaciones entre La Habana y Caracas.

Tras el incidente, el gobierno de Venezuela decidió denunciar a Cuba por intervención o agresión militar contra el país andino. Se solicitó una reunión de la OEA y se hizo llegar la denuncia a la ONU.

Las relaciones entre ambos países quedaron rotas hasta 1974.

El gobierno cubano negó toda responsabilidad en lo ocurrido.

Mirando en retrospectiva, Pérez Marcano considera que la insurgencia armada fue un error.

«Nos enfrentábamos con un gobierno electo democráticamente, que era el de Rómulo Betancourt y, luego, el de Raúl Leoni. Además, en la zona donde se desarrollaba esa lucha, los campesinos eran partidarios de Acción Democrática y se supone que un frente guerrillero para desarrollarse tiene que hacerlo en una zona donde pueda haber incorporación campesina a la lucha», afirma.

Señala que aunque originalmente fueron los movimientos de izquierda venezolanos los que buscaron apoyo en La Habana, en realidad ellos fueron instrumentos, «peones», de Castro.

«Dentro de esa estrategia continental, que estaba en la cabeza de Fidel, Venezuela era la joya de la corona. En esas conversaciones él nos habló muchas veces de la importancia del triunfo de la lucha guerrillera en Venezuela porque podía desencadenar el desarrollo de la revolución en América Latina», afirma.

Pérez Marcano sostiene que aquel éxito que Castro no obtuvo apoyando la lucha armada, lo consiguió después con la llegada del chavismo al poder en Venezuela.

«Nuestro triunfo para Fidel significaba lo que ha ocurrido después con Chávez. Una vez que Fidel logra deslumbrar a Chávez, quien acepta sus orientaciones políticas, el petróleo venezolano comenzó a ser usado para cambiar la correlación de fuerzas en la OEA, para crear instrumentos como el ALBA o Petrocaribe, para tener bajo influencia política a los gobiernos de los países caribeños.

«De allí sale la victoria de Correa en Ecuador, el apoyo al sandinismo en Nicaragua, Evo Morales en Bolivia. El genio de toda esta situación que se ha dado en América Latina a partir del triunfo de Chávez en Venezuela es el de Fidel Castro», asegura.

Varias décadas después del desembarco en Machurucuto, y con la ayuda de Chávez, Castro logró ver el músculo financiero de la petrodiplomacia de Venezuela trabajando a favor de causas que le eran afines.

Sin embargo, al menos por ahora, aquella ola izquierdista en la región parece haberse retirado de la orilla. Habrá que ver qué ocurre cuando cambie la marea.

Notiespartano/BBCMundo

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