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Presidente, deje entrar la ayuda humanitaria, por Morel Rodríguez Avila

Calificar de invasión, intromisión, inherencia, limosna, ofensa, burla y humillación que el pueblo venezolano reciba la ayuda humanitaria, a darse el venidero sábado 23, en la frontera con Colombia especialmente, no pasa de ser una atemorizante manera del oficialismo buscando meterle miedo al pueblo que la anhela y está presta a recibirla.

Una posición recalcitrante e inhumana, en todo caso, la del gobierno que preside Nicolás Maduro porque sería quitarle de la boca el pan a un niño, que aquí el gobierno no le ofrece, no le garantiza y menos le procura. Igual que el medicamento requerido por el enfermo.

Un acto, sin lugar a dudas, atroz, sin nombre, reprobable y tristemente inhumano, míresele por donde se le mire.

Argüir que permitirla es dejar que el imperio nos invada y robe nuestras riquezas y se asiente en el país, es un argumento que el comunismo, en cualquier parte donde ha podido instaurarse, siempre emplea y, claro está, no ha habido un solo gobierno comunista que no se haya pasado todo su período culpando a los Estados Unidos de su fracaso.

Cualquiera puede replicarle al presidente Maduro que en los tiempos de Chávez y en los suyos, los estadounidenses  fueron sustituidos por los invasores cubanos primero, rusos, chinos, iraníes y últimamente por los turcos que, nadie puede ignorarlo ni desconocerlo, son los que se están llevando ahora el petróleo, el hierro, el oro, los diamantes y el estratégico coltán.

Sostener que son traidores y entreguistas los que han gestionado la ayuda humanitaria en Europa y en América,  es una afirmación harto perversa.

Con tal postura, lo que el gobierno quiere es que no se le deje desnudo ante el mundo; quiere que la gente crea lo imposible: que aquí su gestión es tan altamente positiva que resulta mentira que la gente escarba en la basura buscando qué comer, que se están muriendo a diario los niños por desnutrición y los enfermos por no tener sus medicamentos.

La ayuda humanitaria, presidente Maduro, la requiere el pueblo nuestro. Aquí en Nueva Esparta, por ejemplo. Pregúntele a los líderes del chavismo en Margarita y Coche si la gente de verdad encuentra qué comer y a precios solidarios, y si en los dispensarios, ambulatorios y hospitales hay medicamentos o en las farmacias medicinas.

La ayuda humanitaria, presidente Maduro, por igual la requiere, con tanta urgencia como el pueblo opositor, el pueblo suyo, el chavista. Que pasa el hambre pareja igual que el democrático. Usted dice que la caja Clap le llega a 6 millones previa lista, pero resulta que en Venezuela vivimos  unos 28 millones (porque pasan de 4 los que se han ido), y tres cuartas partes de los que se quedaron son ahora más pobres que antes..

Sumas buenas, sumas malas, lo cierto, presidente, es que en Venezuela se pasa hambre parejo. Eso, presidente, usted ni nadie puede negarlo y ocultarlo menos. Olvídese de tanto prejuicio que sólo usted y los de su entorno tienen sobre la ayuda humanitaria y deje, por favor, deje que al pueblo reciba lo que necesita, con extrema urgencia, no invasores, que no los hay, sino alimentos y medicinas.

A menos que los marines vengan escondidos en los granos de arroz, de harina o de azúcar, o diluidos en las pastillas, soluciones, compuestos o líquidos medicinales. Y, por cierto, regañe a su vicepresidenta por la absurda y terrible afirmación al asegurar que la comida que vendría está podrida y producirá cáncer. Recuérdele que en las naciones donantes no ha habido ni habrá pdevales ni pedvalitos, como aquí, y en los veinte años de gestión roja, sí los hubo dejando se pudriesen miles y miles de toneladas de alimentos y medicinas. O, ¿es mentira, presidente?

@MorelRodríguezA

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