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El país que queremos, por Morel Rodríguez Ávila

Es uno grande y poderoso, que no quiere decir hasta los dientes armado de toda clase de instrumentos para la guerra, pero sí de maquinaria suficiente para echar a andar las grandes industrias, sembrar los campos, en fin terminar de aceptar que en la empresa y en la siembra es donde siempre ha debido estar centrado el gran interés de todo gobierno. Igual que en garantizar la mejor educación y la más eficiente prestación de servicios, fundamentalmente el de la salud.

Ese país que queremos es uno totalmente distinto al actual quebrado, hundido y fracasado que tenemos, consecuencia, resultado y producto de una gestión de gobierno comprobadamente pésima.

El país que queremos es uno verdaderamente democrático, cuyo gobernante entienda y acepta que su obligación primordial es trabajar para el pueblo y no para el partido; que su línea de acción debe estar en exclusiva dirigida a crear, fomentar y fortalecer planes y programas que tiendan a favorecer el crecimiento social del ciudadano integralmente, sin la perniciosa exclusión  ya hecha costumbre  en el actual gobierno, que ha separado a los venezolanos, negándole a muchos los beneficios para otorgárselos a pocos elegidos por afinidad ideológica o simple servilismo.

El país que queremos es el que otorga derechos, pero exige el cumplimiento de deberes, en lo cual se está plenamente de acuerdo. No un país donde se vulneran de a continuo los derechos humanos, se irrespeta la constitución y demás leyes de la república, se persigue, se reprime y se encarcela al que piensa distinto.

Se quiere, y es el anhelo multitudinario, un país donde quepamos todos y todos seamos los dueños de ese país, y no un puñado de afortunados que lo han acuchillado a la hora de las reparticiones.

El país que queremos es uno donde sus poderes sean definitivamente autónomos, independientes, que no puedan ser manejados por el Ejecutivo a su peligrosa conveniencia. Se precisa de un país donde las libertades ciudadanas se respeten y la paz social, la paz política y la paz judicial sean concretas y no manejables ni objeto de compra y venta alguna.

Ese país tiene que ser, en el mundo, como antes lo fuese, ejemplo de democracia, apegado de modo estricto a la legislación que rige al planeta en lo económico, lo social, lo político. En fin, con una Cancillería de primera y cuyos titulares sean voceros de ese país y no del partido de gobierno que lo rige o gobierna.

Queremos un país donde cada quien asuma su responsabilidad, cumpla sus obligaciones y colabore en el engrandecimiento nacional, desde el más modesto desempeño del trabajo más humilde hasta el que pueda dirigir un poderoso emporio. Su aporte, honesto pero valioso, hará crecer a ese país que todos queremos.

Dispongámonos a participar en el pronto encuentro del camino recto, aunque no despejado de toda clase de obstáculos, que nos conduzca hacia ese país que de verdad queremos.

Hacerlo es na obligación insoslayable.

@MorelRodríguezA

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