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¿Qué debemos hacer?, por Morel Rodríguez Ávila

Nadie en su sano juicio puede negar que la Descentralización fue la conquista más importante que haya tenido Venezuela en toda su historia republicana. Fue una decisión sabia, prudente, necesaria, positiva. Se convirtió en el mejor instrumento impulsador de todo cambio que la modernidad del país requería. Le abrió las puertas al progreso y desarrollo de la provincia, hasta entonces constreñida a lo que dictase Miraflores. Desde el sí para autorizar la compra de un pupitre, cuaderno y lápiz hasta la de un avión de guerra. Permitió a los planificadores de Venezuela adentro gobernar de total acuerdo con la realidad que ellos constataban y no la que en Caracas se imaginaba algún burócrata que no había viajado más allá de Los Teques. Produjo, fue cierto, verdadera independencia en los difíciles asuntos de gobierno, una autonomía que resultó necesaria, que fue bien instrumentada y mejor desarrollada, cuyos resultados pronto estuvieron a la vista tanto en gobernaciones como en alcaldías, favoreciendo a sus respectivos pueblos. Las regiones adquirieron relevancia y su palabra respeto y escenario nacional.

Eso se logró porque un presidente visionario, estadista comprobado, como lo fue Carlos Andrés Pérez, hizo posible que la Descentralización dejase atrás el engorroso y perjudicial pasado que le impedía avanzar a la provincia, sometida, paralizada y obligada a ser siempre la olvidada y a recibir migajas. Descentralización que, por ser acertada y lograr prontamente su cometido de liberalizar la administración pública regional del hierro, candado, bozal y sumisión permanente del poder central, fue rápidamente liquidada por otro presidente, mesías irresponsable, temeroso de que le restase poder al poder que quiso fuese para él todo, y regresó a la provincia al sometimiento. Por culpa de tan descalabrada decisión,  las regiones  paralizaron sus avances, se perdió lo alcanzada, la autonomía lograda desapareció. Otra vez Miraflores en todo y para todo decidiendo el destino de los pobladores de una aldea tanto como el de una capital de estado, todo por el enfermizo afán de centralizarlo todo, muy propio del comunismo acaparador voraz y dominante sin limitación alguna.

La centralización, sin duda, es totalitaria, perjudicial, evidencia el afán de quien cree que aprisionando todo tendrá a su favor todo. Olvida que los pueblos ya tienen suficiente conciencia y vivido experiencia larga de los efectos tan dañinos de ese centralismo absurdo, denigrante y que convirtió, junto a otras equivocadas decisiones del gobierno chavista a la Venezuela que era rica en una pobre y entre las más atrasadas del mundo en el manejo de los asuntos públicos.

Doy mi respaldo a quienes, como los gobernadores Ramón Guevara y Alfredo Díaz, de Mérida y Nueva Esparta, han alzado su voz de protesta ante la actitud cada vez más centralista del gobierno y exhortan el regreso de la descentralización, considerándola, y en ello están en lo cierto, capaz de darle arreglo a las numerosas dificultades existentes hoy en nuestra provincia.

Una pelea a darse, por necesaria y urgente, teniéndose en cuenta que, centralizar es dictadura y descentralizar libertad. Quizás por ello es que el gobierno se empeña en lo primero para evitar que lo segundo se accione Venezuela adentro.

@MorelRdoríguezA

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