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Tres músicos venezolanos imponen el ritmo en las agitadas noches cucuteñas

Al caer la tarde y ocultarse el sol en la frontera colombo venezolana, las calles de Cúcuta se enaltecen con la presencia de virtuosos músicos venezolanos que marcan con sello nacional, cada tonada que interpretan para ganarse la vida. Escucharlos entre el bullicio y el agitado paso, de quienes culminan una jornada más en un país normal, invita a quedarse frente a ellos para disfrutar de un pedacito de Venezuela en otras latitudes.

Tienen en común más allá de la nacionalidad venezolana, el amor a la música, un espíritu libre y optimista pero también la tristeza de haberse visto obligados a abandonar el país, en medio de una difícil situación económica y social que no les permitió abonar más sueños en la tierra de sus querencias: Venezuela.

Los tres virtuosos venezolanos fueron contactados por El Estímulo, mientras entonaban el Alma Llanera en una populosa plaza de la ciudad colombiana. Al recibir los aplausos, propinas y el ¡Viva Venezuela! de la muchedumbre que los escucha en la cálida noche fronteriza, las lágrimas de entusiasmo no se detienen.

Emmanuel Bastidas, tiene 24 años, fue formado en el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela y cada noche deleita con los acordes de su violín; el joven, oriundo del estado Lara, pone a vibrar a su audiencia.

Antes de migrar a Colombia, hace siete meses, estaba como el director de la orquesta Jacinto Lara, aseguró que seguir en el país para él era imposible: “No podía más”.

Doce horas o 580 kilómetros de recorrido, tuvo que hacer desde Barquisimeto hasta San Antonio del Táchira y luego de cruzar el puente internacional Simón Bolívar, caminó dos horas más, bajo el inclemente sol fronterizo para llegar a Cúcuta.

No traía nada, solo el pasaje hasta la frontera, ni pasaporte, ni dinero, así que me toco ahorrar y llegar a Cúcuta…a comenzar de nuevo, solo con la cédula de identidad venezolana”.

La vida del músico venezolano ha dado un viraje total, él se muestra optimista y no se arrepiente del paso que lo llevó a Colombia, donde se dedica tocar en las plazas y lugares concurridos durante las noches. En el día, ofrece clases particulares a niños y jóvenes, además de haber acompañado en la dirección a algunas orquestas de la zona.

“La gente ha sido muy receptiva, me ha tratado bien, estoy en nuevo escenario que me gusta y veo está etapa de mi vida como una experiencia que me está enriqueciendo”.

¿Regresar a Venezuela? Una pregunta que resultó complicada de responder y luego de una larga pausa, Emmanuel reveló que es perseguido político, fue dirigente del partido Primero Justicia en Lara y tuvo participación activa durante las protestas del 2017

Un retorno lejano

De estudiante del conservatorio Simón Bolívar, de la Academia Latinoamericana del Violín y luego docente de la escuela sinfónica de Barinas durante cinco años, llegó a Colombia a ofrecer su música en la calle, acción que ha sido “lo más difícil” de sobrellevar.

Yelis Camargo, es abogada de la República y formada durante 16 años en el Sistema Nacional de Orquestas Juveniles e Infantiles de Venezuela, con sede en el estado Barinas. Junto a Emmanuel y Narciso, forman el trio perfecto que invade de melodías venezolanas las calles de la capital de Norte de Santander.

La situación de Venezuela ha llevado a muchos a hacer cosas que en realidad no esperaban que hicieran –dijo Yelis- porque hay que buscar la manera de sobrevivir.

Por ahora, la violinista ve “muy lejano” su retorno a Venezuela, porque mientras no haya un cambio de gobierno que mejore la actual situación que enfrenta el país, en sus planes no está el retorno.

“Lo veo difícil porque más bien estamos tratando de que se venga la familia que aún vive en Barinas, porque a pesar que existan esperanzas la situación cada día es más difícil”.

Confiesa que Colombia representa para ella un “trampolín” que le abrirá las puertas a un tercer país, mientras tanto el trabajo duro y la dedicación a la música la mantienen fuerte y llena de ilusiones.

Con lágrimas y luego de algunos minutos de silencio, envió un mensaje a los venezolanos: “Lo que les puedo decir a quienes salgan del país es que deben mostrar la mejor imagen de Venezuela afuera. Lamentablemente un pequeño grupo que han salido no se han portado bien, nos hacen quedar mal y de allí viene la xenofobia. A quienes se quedan que se mantengan firmes en la lucha y con esperanzas”.

Salir: Una decisión visceral

Narciso Díaz, es músico profesional, cuatrista, fundador del grupo musical larense Santoral y ha representado a Venezuela a nivel internacional en festivales y concursos en España, Inglaterra y Escocia, donde obtuvo aplausos y ovaciones. Ahora toca su música en las calles de la fronteriza Cúcuta.

“Llegar hasta aquí no fue una decisión fácil, fue algo visceral porque la situación que está viviendo Venezuela me llevó a tomar la determinación de salir. Antes allá cualquier profesional vivía cómodo. Uno estudiaba y luego se dedicaba a lo que sabía hacer, ahora no, ser músico en nuestro país es insostenible”.

Por ser una ciudad muy próxima a Venezuela, -dijo Narciso- en Cúcuta han tenido buena acogida sus melodías. “Hemos llegado a darnos cuenta que la música folclórica colombiana es muy parecida a la venezolana”.

Llegar a Colombia, ha representado una experiencia enriquecedora, donde ha aprendido a crecer como ser humano y a valorar más a quienes están a su lado.

“Cuando se está en Venezuela piensas que por ser músico, abogado, ingeniero, eres más que quienes te rodean y pasamos ignorando a muchas personas. Aquí ahora soy más humano, ahora sé que si le digo buenos días o buenas tardes a cualquier persona en la calle, es un saludo que me doy a mí mismo, la vida es un espejo”.

El apuro continúo por sobrevivir, -señaló Narciso- está acabando con un legado de buenas costumbres en el país, situación que se reconoce o identifica cuando se sale de Venezuela.

Trabaja intensamente junto a Emmanuel y Yelis, cada uno tienen un sueño: seguir llevando la música venezolana Colombia adentro. Aseguran que continúan investigando, estudiando pero sobre todo poniendo en alto en nombre de Venezuela.

El tropel de curiosos que se detienen cada noche a deleitarse con los acordes que provienen de lo que pareciera una gran orquesta, se levantan al final de cada función, aplauden y elogian a los músicos, luego sigue una significativa colaboración que es depositada en las fundas de los instrumentos, sabiamente ubicadas en el piso.

Sin duda están dando lo mejor de ellos, comentaba la audiencia.

Fuente: Notiespartano/El Estímulo

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