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La esperanza no se pierde…, por Morel Rodríguez Ávila

La vieja afirmación anima. Especialmente en tiempos de crisis, casi cuando la desesperación comienza a rondar y la preocupación se agranda porque no le encontramos solución a cualquier problema que se nos presenta. Anima, decimos, porque insufla confianzas tan indispensable y necesaria para resolver lo que creemos irresoluble y, cuando llega, hay fiesta de sentimientos que apuran la intención de ver pronto hecha realidad la solución anhelada. Eso es así, probado ha sido. Es cuestión de saber interpretar el momento y la circunstancia para apreciar la profundidad de lo que pueda ser problema y precisar cuál resulta ser el procedimiento más conveniente.

Lo decimos seguros de tener razones suficientes para recomendar prudencia, paciencia y sobre todo mucha responsabilidad en estos días terribles para la nación y su gente. A nadie escapa, porque la sufrimos todos, la gravedad de la crisis que nos mantiene maniatados.

Para algunos estudiosos del perjudicial asunto, lo que al país le ocurre es la peor crisis de toda su historia republicana. Nunca antes el pueblo había sufrido tanto y tampoco nunca antes la nación estuvo en situación tan lastimosa como la vivida hoy en día. Un país cuya economía está por el suelo, su empresariado amenazado y ofendido constantemente, además de perseguido, las grandes empresas cerradas, cerrando o a punto de irse, ya ni bodeguitas quedan. No hay alimentos ni medicinas, menos insumos. Ni hablar de repuestos. Estamos quebrados. Apenas ocho mil millones de dólares en reservas que difícilmente llegarán al 31 y, para colmo, le debemos a  medio mundo y la otra mitad no nos quiere fiar por mala pagas.

Hay que insistir en recordarles a los muchachos de hoy en día que ayer Venezuela era un país poderoso, rico, despegando al porvenir, porque  lo tenía todo y sus administradores sabían administrar con eficacia y honradez lo que el país tenía. El Tesorero de la Nación atesoraba, no expoliaba los dineros públicos por interpuestas personas. La corrupción no era tanta y tan multimillonaria en cifras, en escándalos y en complicidades. El nuestro era un país que buscaba el desarrollo en paz y lo estaba consolidando gracias a que la democracia era el sistema de gobierno, cumpliéndose las leyes, respetándose la Carta Magna a todo evento y sin pretensiones ideológicas de dominación alguna.

La esperanza no se pierde, es cierto. Y en esta hora de tribulaciones debemos entender que si bien no lo tenemos todo fácil, sin embargo se palpa en el tejido social que mucho pueblo está ya cansado de sufrir tanto, sin tener la culpa, salvo de haber confiado en falsos mesías. Los gobiernos rojos, el de Chávez y el de Maduro, no supieron gobernar. Improvisaron irresponsablemente y el resultado es el desastre que hoy vive la república.

Pero, como decía el recordado Maestro Luis Beltrán Prieto Figueroa, adelante, por encima de las dificultades Venezuela terminará  empinándose y venciendo todas sus dificultades. Sobre eso hay mucha fe.

@MorelRodríguezA

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