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Hay que ayudar a la Democracia insular, por Morel Rodríguez Ávila

Es un deber que los neoespartanos responsables, dedicados desde siempre a procurar la paz y el crecimiento económico y social del pueblo insular tienen contraído.
Y ahora, que se hace imprescindible darle mayor cumplimiento a lo que es igualmente un pacto de honor, debemos ayudar a que la democracia, que ha regresado a gobernar Margarita, Coche y Cubagua, reciba el más grande, desprendido y generoso apoyo.
Esa positiva actitud resulta indispensable para el pronto encuentro de esa paz y de ese crecimiento tan anhelado, que fue paralizado durante la comprobadamente pésima gestión roja.
Nadie desconoce que la diferencia entre democracia y totalitarismo es gigantesca. Que en democracia, ademas de entera libertad,  por igual se da el progreso y desarrollo, mientras que en un régimen comunista la una y la otra son perseguidas y defenestrados. Y eso es lo que en Venezuela está ocurriendo.
La crisis que abate al país, generada sin lugar a duda alguna por la incapacidad de un gobierno ineficiente e insensible, dedicado sólo a atesorar todo el poder posible para sí y para su partido, único modo de su sobrevivencia, no podrá solucionarse mientras el gobierno mantenga su nefasta política económica y su demagoga acción social populista al extremo, calco exacto de la que sus mentores, los hermanos Castro le impusieron primero al pueblo cubano, luego al venezolano por vía del desaparecido presidente Chávez y a Maduro su sucesor.
Lo anterior no es ni secreto ni mentira, sino realidad cierta. Terriblemente dañina en todo sentido.
El comunismo, que no quiere la libre empresa, la propiedad privada, la crítica, la oposición a su doctrina y tiránico modo de gobernar, siempre que ha llegado al gobierno, y por encima de la legislación vigente, destruye lo establecido para crearse sus conveniencias, sin impedimentos que le entraben su enfermizo afán de controlarlo todo.
De allí viene la crisis, traducida en el cierre de miles y miles de pequeñas, medianas y grandes empresas, de las invasiones a fincas, haciendas y productoras agrícolas, pecuarias e industriales, desastrosa manera de gobernar, a lo que se suma la permanente agresión, soez en el lenguaje y violentan y criminal en la acción, que lo podrían llevar a los tribunales internacionales para ser juzgados por crímenes de  de lesa humanidad.
Cuando decimos que hay que ayudar a la democracia insular, estamos repitiendo lo que escuchamos en los pueblos, islas adentro, que con regularidad visitamos y donde tengo todos los amigos del mundo.
Esa ayuda no s otra que la de terminar de cuadrar una oposición que, conjunto de voluntades hacia un solo interés, el bienestar del pueblo, conduzca lo que resta de lucha hasta que, por la vía legal y pacífica, pero con firmeza ciudadana, Venezuela encontré finalmente la salida.
El desprendimiento es fundamental en esa ayuda que nos demanda la democracia en Nueva Esparta. Entrega sin comdicionamientos, sin halar cada quien las brasas para su sardina, sin el cobro vil de favores, personalísimos ni trapisondas.
La democracia aquí, merece esa ayuda. Lográndola, estamos seguros, mar serena y sin neblina, pronto llegaremos a buen puerto. Aquí, por ser pueblo marinero, de estas faenas sabemos mucho.

 

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