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Todos, muy unidos, a empujar la carreta, por Morel Rodríguez Avila

Nadie puede negar que Nueva Esparta fue, sin duda alguna, y hay mucha prueba que lo respalda, un escenario donde se daba un proceso bien armónico traducido en mucha acción favorable al progreso y desarrollo.
Las cifras de ese entonces avalaban esta afirmación, una verdad incontrovertible, que estaba a la vista, se palpaba. Éramos una región pujante en el mapa económico y social venezolano.
El Puerto Libre funcionaba a plenitud.
Cumplía el objetivo trazado por los demócratas que, desde gobiernos con visión certera, defensores a ultranza del crecimiento insular, le sabían instrumento fundamental del desarrollo insular.
Le daban el respaldo necesario.
Hay aquí mucho empresario y comerciante honesto, esforzado y consciente, que puede sostener, sin dilación alguna, esta certeza. Negarlo, imposible. La historia regional así ya lo tiene registrado.
Toda esa tarea buscaba un solo norte: fortalecer la empresa y el comercio que, junto al Turismo, eran  pilares del crecimiento, lamentablemente paralizado en tiempos de esta fallida revolución, pero que se rescatará cuando la democracia regrese.
Porque también es innegable, sea justo recordar que en mi gobierno se dio, Margarita y Coche lo saben, una gestión dirigida, planificada y concreta, que puede comprobarse en cada pueblo de cada municipio.
Mencionaremos lo llevado a cabo, por ejemplo, en materia de infraestructura para el sector Educación: más de cien escuelas, a la fecha cifra no superada en todo el país por gobernador alguno de la llamada cuarta república. Que fueron en sus mayoría eficientes, hay que decirlo sin temor a equivocación alguna. Como deficientes han sido, también en gran número, los mandatarios regionales de esta improductiva quinta república.
El desarrollo, el proceso neoespartano, alcanzado en todos los renglones, siempre de acuerdo a lo que precisaban, reconocían y afirmaban los indicadores con los cuales se mide, en cualquier país o región el anhelado crecimiento social y económico, era notorio.
Nueva Esparta fue, durante los años de mi gobierno, el único estado de la república en mantener de forma continua, la mayor y mejor calidad de vida. La inversión nacional y extranjera tenían aquí seguridad jurídica y paz laboral; los proyectos se realizaban bajo el imperio de la ley, los convenios se respetaban, los planes se consultaban. Porque, además, reinaba la paz, entendimiento y convivencia.
En esos años existía unidad en torno a un interés colectivo: el de ayudar cada quien desde su lugar de desempeño en la sociedad, a impulsar esos buenos propósitos. Al fin y al cabo defendían su futuro.
Lo acontecido después, es público y notorio: el desastre. Tan cierto como que el mar es inmenso, salado y hondo.
Por eso hay que contraer, desde ya, el compromiso de unir otra vez voluntades para, entre todos, comenzar a empujar la carreta, de manera que el necesario rescate del crecimiento insular se dé, a su tiempo preciso.

@MorelRodriguezA

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