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El arte de gobernar (I), por José Angel Borrego

Luego de haber tenido el honor de conocer y en cierto modo compartir algunos momentos con tres presidentes de la república y con muchos gobernadores de estado, creo haber aprendido ciertos aspectos que han sido cruciales para que ninguno de ellos haya tenido el éxito real que habría esperado el país o el estado. Apenas logros muy costosos en cuanto a lo económico que en modo alguno justifican el esfuerzo político y menos el apoyo recibido por partidarios y simpatizantes apelando causas sociales que no lograron satisfacer.

Venezuela espera aún que un gobernante, nacional o local, pueda expresar que ha honrado el juramento de su designación. Si midiéramos sus logros porcentualmente ninguno ha cumplido con el 10 % de sus propias metas lo que implica haber defraudado al 90 % de la población (pensante al menos) porque las expectativas que surgen ante cada elección, pese al fracaso del gobernante previo, siempre alimentan el círculo ilusión/decepción.

Todo lo anterior lo conocemos todos, es cierto, pero para acometer lo que pretendemos analizar es preciso recordarlo una vez más. ¿Cuál es la razón de tanto fracaso? ¿A qué se  debe que cada gobernante es peor que su antecesor? ¿Quienes intentan suceder al actual mandatario se han paseado por las razones de que se hayan producido tantos yerros?

Para cada interrogante la respuesta es absurda. Como periodistas hemos oído muchas teorías que no soportan un leve examen pero el aplauso histriónico del aforo hace suponer al protagonista del evento político que dispone del aval necesario para asumir las riendas de una gerencia que le resulta avergonzantemente holgada pero que evidentemente ignora tal realidad. Cada uno presume de bagajes muy lejanos a sus intelectos, pero nadie osa hablarles con la claridad necesaria. Hacerlo (lo hemos comprobado) indispone al osado contra al personero, que de lograr su objetivo electoral, lo apartará de su vista.

Algún gobernante en veces solicita opiniones, puntuales o aleatorias. Lo hace tal vez para alimentar su ego explanando sus propias ideas y jamás atendiendo las de alguien que tal vez puede auxiliarlo. Un Presidente, en cierta ocasión nos dijo “es probable que tengas razón pero los políticos no entenderían esta jugada…”. Le habíamos solicitado evitar una confrontación con un periodista que vivía (y aún vive) confrontando a todo el mundo.

Pero la verdadera razón del sempiterno fracaso no es otro que la ausencia de imaginación en el gobernante. A veces pienso que tal vez carecen de tiempo para analizar la situación que deben enfrentar, pero esa no es una respuesta válida. Definitivamente el gobernante es un sujeto automatizado por el entorno político. Su materia gris no produce invectiva alguna. Sus temores superan con crecer el error que podamos tolerar. Pero más grave, su desparpajo es tal que piensa que los demás somos tarados y trata de vendernos espejitos. El día que un gobernante se deslastre del temor, de ese miedo que le impide dar pasos heroicos en función de la gente; ese día comenzaremos a ser un país. Nunca, antes.

JoséAngelBorrego

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