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Venezuela sin la OEA, por Morel Rodríguez Ávila

Si bien la inmadurez del presidente lo ha llevado a declarar festivo el día en que Venezuela quede fuera de la OEA, para el país y su gente, que somos millones, éste será un acontecimiento verdaderamente doloroso que marcará un antes y un después en la historia de nuestra política exterior contemporánea.

La Organización de Estados Americanos, a pesar de sus fallas, errores y acertadas o equivocadas estrategias, ha sido, es y seguirá siendo un foro necesario en el cual las naciones y sus pueblos miembros han tenido y tendrán respaldo en la defensa de sus derechos fundamentales.

Fuera de ella, apenas gobiernos dictatoriales y, lo malo en este caso consiste en que el de Maduro quedará declarado como tal y, lo peor, el país abandonado y al garete en el marco continental. Hasta que otro tanto le suceda cuando la Comunidad Europea y el Consejo de Seguridad de la ONU lo dejen definitivamente al garete en el planeta.

Lamentable, sin duda, lo que ocurre. En todo caso consecuencia directa de la pésima actuación de un gobernante que no quiso entender que se le pedía encarecidamente respetar los derechos humanos, que pasa por aceptar la democracia y nunca imponer el comunismo como sistema sustituto.

No se trata aquí de analizar si sobreviviremos o no como nación fuera de la OEA. Lo planteado estriba en que Venezuela habrá perdido privilegios que, por miembro de la organización le corresponden, lo cual constituyen en la práctica valores y derechos que, a la postre, resultan difíciles de restaurar. Salvo que un nuevo gobierno asuma la conducción de la república y prontamente los reasuma con la aceptación de sus iguales en tan importante foro.

Lo feo, por otra parte es que, prepotente, el inexperto canciller, se mostrase burlón y, exagerando, por saber que nada le pasaría, pues allí hay caballeros y no colectivos, se haya despedido ofendiendo a los representantes de las naciones, que le dijeron adiós, reglamentos de por medio, a lo que allí trató de  defender, de paso indefendible, la cuestionable en todo sentido forma de gobierno, antidemocrática, sin duda alguna, que jefatura su presidente. No digamos nada respecto a la réplica de la espada recibida ante el asombro mayoritario de los que calificaron su entrega como una exagerada falta de respeto a lo que esta patriótica joya representa.

Como igualmente reprochable ha sido el lenguaje empleado por Maduro a la hora de responderle a los miembros de la OEA empleando, antes que respuestas  o explicaciones, amenazas, ataques y palabrería vacía propio de quienes, no teniendo razones que esgrimir, se vuelven tira piedras.

Corresponderá a los especialistas ir más allá en el análisis de lo perjudicial que será para Venezuela su salida de la OEA, pero la opinión de los de a pie, expertos en ver, esculcar y decir lo que en la calle se dice, vale también oro.

Y en la calle es donde se califica de total torpeza, inmadurez e inexperiencia, una más y grave, la cometida por el jefe de “la revolución madurista” que, en su enfermiza imitación de la revolución castrista  ahora se le iguala. Recuerde el lector que la Cuba fidelista fue también expulsada de la OEA, por su constante violación de los derechos humanos, especialmente.

@MorelRodríguezA

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