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Calle, encuestas y gobierno, por Morel Rodríguez Ávila

 

Siempre las encuestas tendrán sus detractores, siendo sus adversarios los primeros en consultarlas. Estos instrumentos de medición, casi nunca perfectos, pero sí indicativos de hacia dónde se dirigirán los tiros en cualquier contienda electoral, hay que decirlo, meten miedo porque presagian lo no deseado por unos y anhelado por otros.

Los primeros, desde luego que las combaten y les endilgan toda clase de ataques, cuando sus resultados no les conviene. El más común es tildar de falsas, compradas o vendidas las cifras dadas finalmente por quienes las realizan como encargo de algún partido político, sector empresarial o el propio gobierno. Hay en el país de estos tiempos variados ejemplos del porqué de esta clase de acusaciones, pero afortunadamente son minoría: Las encuestas, por tanto, son necesarias aquí y en cualquier parte del mundo y entre sus virtudes una muy decisoria, la de advertir.

Con en ellas se cumple aquello de cuando el río suena, piedras trae, Hay casos comprobados en cuanto a que alguna encuesta registró apreciaciones que no fueron atendidas por el que la encargó y al final ese fue su mayor error. De allí que cada día son más aceptadas y utilizadas en estos tiempos de tanto cambio o barajo en todo sentido.

Pues bien, a lo arriba explicado de manera muy sencilla, porque es a los científicos sociales a quienes de verdad corresponde su mejor interpretación, debemos agregar que llegó la hora de ponerle mucha atención a lo que nos están diciendo las encuestas en cuanto al porcentaje que pudiera tener la abstención y la intención de voto en las elecciones del venidero 20 de mayo.

Sin calificar de guerra de encuestas lo que están diciéndonos una y otra encuestadora, es de suma facilidad advertir que hay coincidencia entre las más experimentadas, responsables y conocidas, a favor del voto en porcentajes claramente altos y satisfactorios para la conquista del cambio que el país reclama.

Es decir, la abstención, muy alta y peligrosa, que hasta diciembre pasado registraba el país político, alentada por un liderazgo que estaba haciendo creer que el no votar profería daño, y mucho, a Maduro y su grupo, ha venido siendo reducida de manera favorable para la democracia, lo que evidencia que el rechazo al totalitarismo está creciendo, y la pretensión continuista, su aferramiento al poder ya está minado..

En la calle así sucede y la voz del pueblo sin duda ha sido, es y será determinante a la hora de apoyar o rechazar lo bueno y malo de cualquier gobierno.

En la calle lo que se escucha es abiertamente negativo hacia Maduro. El rechazo a su gobierno, por ejemplo, se acerca rápidamente al noventa por ciento. Basta parar la oreja en una cola, en el autobús, en el mercado, en cualquier establecimiento y la crítica es rotunda. La burla, la rabia, la acusación dura, la denuncia casi rabiosa, la frustración en fin es el tema del día. Y en esa misma cola, hasta diciembre, había alguna defensora o defensor de Maduro que respondía culpando al imperialismo, a la guerra económica, a los escuálidos de todo lo malo que agobia a los venezolanos.

Ahora, el silencio es total. Como si les diese pena salir a replicar, tarea que le han venido dejando sólo a los dirigentes, obligados como están a defender lo indefendible.

Esta, que es la mejor de las encuestas, la de la calle, supera a la científica, porque es el retrato fiel de la realidad más aplastante y cierta, que Maduro, Rodríguez y Cabello no podrán ocultar y por eso van silbandito para espantar el miedo.

 @MorelRodríguezA

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