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Vargas Sinfónico, por Josué Fernández

Saber, habilidades, tino, ejecución esmerada de dis

ímiles instrumentos, como componentes vitales de sinnúmero de profesiones, podría formar parte de un catálogo de destrezas ─sinfónicas por la diversidad y amplitud que envuelven─, y que habría que exigir a cualquiera con intenciones de poner sus conocimientos al servicio de una comunidad. Como complemento seguirían las actitudes del postulante en sintonía con las expectativas del comportamiento humano y sus necesidades, así como el apoyo y promoción del crecimiento individual y grupal.

Con tales requisitos satisfechos por demás, emerge como referencia el doctor José María Vargas, con calificaciones sobresalientes para recordarle merecidamente como “Vargas Sinfónico”, en la fecha del ducentésimo trigésimo segundo año de su nacimiento, es decir ya pasados 232 años de su natalicio, que se cumplen este 10 de marzo. Se sabe ampliamente que el doctor Vargas fue médico cirujano, primer presidente civil de los venezolanos, y a lo largo de un cuarto de siglo en la Universidad de Caracas, actual Universidad Central de Venezuela,  sumó a su trayectoria la creación de la facultad de Medicina, y de profesor de anatomía, botánica, mineralogía y química, introduciendo así las ciencias modernas a Venezuela.

En 2018, el país sufre porque cada vez son menos quienes seguirían el ejemplo del doctor Vargas, al hallarse exhaustos los nuevos graduados para sobreponerse a limitaciones impuestas por el régimen venezolano, con políticas genocidas en el área de salud y alimentación, entre otras, derivadas de una sumisión ideológica y de acción a la retrasada tiranía castro-comunista.

Para alivio de los jóvenes médicos verdaderos que han logrado atravesar las fronteras, en Chile específicamente, ya se les agradece su presencia en Puerto Montt, una ciudad al sur casi llegando a la Patagonia, donde el 80% de la plaza médica es venezolana.

Para la famosa psiquiatra de ese país de nombre María Luisa Cordero, los galenos criollos “son brillantes y de los mejores formados de América Latina”. Dedicada a ellos va el “Alma Llanera Sinfónica”, como pequeño reconocimiento de los muchos, más grandes, que seguramente les llegarán. Interpreta el coro “especial” del instituto “Ponce de León” de Madrid en un concierto de Voces para la Paz, en el Auditorio Nacional de Música, bajo la dirección de Miguel Roa, y orquesta de músicos solidarios.

La elevada preparación y especialización de la medicina en Venezuela con el empuje del doctor José María Vargas desde sus inicios, solo ha sido negada bajo la mala influencia comunista de las últimas dos décadas, capaz de sugestionar a su principal enlace,  el golpista venezolano Hugo Chávez, para hospitalizarse en La Habana, y salir de allí muerto  hace un lustro, ciego por completo  a la supremacía médica que rechazó en su propia tierra.

La ceguera ya  se había extendido entonces como castigo a los más pobres con la imposición de tratantes  sacados de un contingente de  cubanos de credenciales insuficientes; y todavía peor a la apertura local de estudios precarios con igual inspiración, y la denominación rimbombante de Programa de Formación Nacional de Médicos Integrales Comunitarios.

En lo interno el relevo ha resultado imposible con tales graduados desmejorados; pero en estos días de éxodo de venezolanos en busca de mejores oportunidades afuera, quienes llevan tales credenciales son rechazados de plano por autoridades sanitarias extranjeras, según informes llegados desde Perú y Colombia.

En medio de semejante desengaño y frustración, y de penurias del emigrante, también para ellos un saludo con “Alma Llanera”, si no sinfónica como la dedicada a los médicos en Chile, igual repite acordes que serán imperecederos, a cargo del grupo Violche, con Ricardo Ramírez, violinista del grupo Éditus.

https://www.youtube.com/watch?v=NQ-DsMImHcc

 

 

 

 

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