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Maduro enredado en las redes, por Paciano Padrón

Las redes sociales son un fenómeno democrático, diría yo, un hecho cultural que da a los ciudadanos un poder igual para hacer llegar a otros sus criterios y opiniones directamente, sin pedir permiso, sin requerir ayuda de un periódico, radio o televisora. Son sitios de internet formados por comunidades de personas, en general con intereses o afinidades en común, que permiten la comunicación e intercambio de información. Las populares redes genéricas, como Facebook o Twitter, son puntos de encuentro y diálogo entre muchos millones de personas; otras son redes profesionales o temáticas, con auditorios más reducidos, pero que igualmente se miden en millones de usuarios. Las redes sociales -como herramientas democráticas y de comunicación- son un peligro para el narco-régimen de Venezuela y para todas las dictaduras del mundo, comunistas o de otro pelambre. Son un arma de la libertad.

Maduro, en reciente jornada sobre Venezuela efectuada en el Teresa Carreño, luego de la cortina verbal en la que “reiteró a su equipo la importancia de impulsar su mensaje a través de la plataforma de las redes sociales”, dijo lo que sabemos él piensa, pero que no había dicho tan claro: “Las redes sociales son un poder y deben estar en nuestras manos”. Añadió: “el gobierno impulsa la vigilancia de las redes sociales y la difusión de noticias falsas, ellas deben dar a conocer la verdad sobre Venezuela”. El presidente de Bolivia, Evo Morales, calificó de “basura” a las redes sociales. Por supuesto que son una basura, porque sacan a relucir lo sucio, los crímenes y perversidades de las dictaduras, dicen lo que la prensa calla, o no le dejan decir.

Es obvio que el régimen considere a Twitter y Facebook como “plataformas grotescas y brutales para atentar contra la integridad del pueblo”, y que la fraudulenta asamblea nacional constituyente anuncie “que regulará el uso de las redes sociales en el país, para sancionar a quienes cometan delitos de odio e intolerancia”.

Las redes sociales hacen saber lo que el gobierno oculta, eso que llaman basura, nos informan cómo “en el Estado Vargas están vendiendo comida con gusanos en CLAP”; cómo  “el salario mínimo vigente a partir de este mes de septiembre, de Bs. 136 mil, solo alcanza para comprar un kilo de arroz, leche, pasta y azúcar, y un pollo”. Las redes hacen saber que “los sobornos de Odebrecht en Venezuela no fueron de $ 98 millones, sino de más de $ 350 millones”. Aún le duele más a Nicolás que las redes informen que los “narco-sobrinos son criminales, no solo porque se dedicaban al negocio del narcotráfico, sino porque las evidencias muestra que eran extorsionistas, pagaban sobornos a las autoridades, participaron en asesinatos y eran capaces de corromper jueces y policías para hacer de dinero proveniente de la industria criminal”.

Las redes sociales informan del narcotráfico galopante y de su influencia decisiva en el narco-régimen, hacen saber del terrorismo internacional que opera en Venezuela y del uso de minerales nuestros bajo la conducción de Irán e Irak; hacen saber de los intereses políticos, económicos y estratégicos de China, Rusia y Cuba.  Del otro lado las redes sociales nos permiten conocer de la solidaridad internacional y de la necesidad de una amplia ayuda humanitaria para coronar nuestra libertad y reganar la democracia.

El régimen dictatorial tiene el propósito de encerrarnos como en una cápsula, donde solo ellos opinen e informen, por eso la desaparición de televisoras, radios y periódicos, y el control existente sobre los sobrevivientes; por eso la destemplada declaración de Maduro: “Las redes sociales deben estar en nuestras manos”.  Defendámoslas con todo, son armas de la libertad y la democracia.

E-Mail: [email protected] Twitter: @padronpaciano.

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