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“Tramposerías”, por Ángel Ciro Guerrero

La trampa es al gobierno lo que el aceite al motor, el aire a los cauchos, el agua a la sed y el pan al hambre.

No pueden evitarlo. Lo llevan en la sangre. Es raizal. Tienen que hacerlo pues, de lo contrario se desequilibran, se desquician, se desesperan. Es asunto de vida o muerte. No les queda alternativa. Para ellos, la trampa es instrumento válido, poderoso, útil, necesario, indispensable, urgente. La requieren permanentemente. Para todo. Violar la ley ya es práctica común en los estratos del oficialismo. La carta bajo la manga, la conchita de cambur, la zancadilla, el empujón, la puñalada, son tan comunes como el asalto mismo a las instituciones. Importante pretensión, constante por lo demás, que les facilita imponerse.

La denominada revolución les deparó la suerte de contar con dinero a manos llenas y les abrió, fácil y de par en par, las puertas del tesoro público. Se contabilizan cerca de 900 mil millones de dólares los ingresados en 18 años rojos. Que nadie sabe en qué, dónde, cómo y cuándo se invirtieron y, tanto el ya ido como el heredero antes que ingresar al país en la lista de los poderosos, de comprobado progreso y desarrollo, lo ubicaron en el segundo, después de Haití, más deprimido de Latinoamérica. Y a nivel mundial, la crisis que padece convirtió a Venezuela en una nación asombrosamente pobre.

La trampa es al gobierno lo que el aceite al motor, el aire a los cauchos, el agua a la sed y el pan al hambre. De allí que en materia electoral el madurismo se empeñe en saltarse a la torera la Ley y con la ayuda de las camaradas enquistadas en el CNE, busque empantanar las regionales del 15-O.

Creen que dejando en los listados a los que aspiraron a ser gobernadores y a pesar de haber renunciado públicamente continúan como candidatos, los electores se confundirán, generándose una perniciosa situación que, en la práctica, se traducirá en votos nulos afectando la sumatoria de la oposición. Esa trampa, pública y notoria, es inaceptable. Se la cobrará el pueblo en las urnas, enterrando a los tramposos definitivamente. No habrá confusión, sino avalancha.

AngelCiroGuerrero/ColumnaAliñoCompuesto

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